LA HISTORIA TRISTE DE DÁMASSO

Juana Padilla

Se llamaba Dámasso, tenía 9 años y era el primer hijo de Andrea Cantillo, una mestiza de larga caballera y baja estatura que luego de un tormentoso parto de gemelos perdió la vida junto a las creaturas que esperaba, a partir de ese momento la vida de Dámasso dio un vuelco total. Su padre, que hasta ese momento se había caracterizado por ser un hombre responsable y comprometido con su familia, empezó a frecuentar las cantinas y prostíbulos del pueblo donde vivían y para no alargar más la historia, terminó perdido en el abismo de la bebida de donde le fue imposible salir, pese a todos los esfuerzos realizados por familiares y amigos cercanos. En su delirio de borracho decía: “Andrea, te llevaste mi vida el día que te fuiste”.

Andrea tenía cuatro hermanas, quienes se reunieron y acordaron que Dámasso pasaría periodos de tiempo considerables en casa de cada una de ellas, hasta que él ya tuviera edad suficiente de decidir lo que iba a hacer con su vida. Ninguno de los implicados en este cuento hubiera podido siquiera imaginar los momentos de terror y desespero que estaban a punto de venir.

Inicialmente Dámasso se fue a vivir con su tía Georgina, a quien cariñosamente le llamaba “Tía Yoryi”. Ella tenía una amplia casa con tres habitaciones, terraza de granito y un patio inmenso donde había sembrado un próspero árbol de mango de azúcar del que en tiempo de cosecha disfrutaban propios y visitantes. La Tía Yoryi era viuda hacía varios años y sus hijos se habían casado y solo la visitaban los fines de semana, así que Dámasso estaba en el lugar perfecto.

Una madrugada, Georgina se encontró a Dámasso hablando palabras sin sentido en plena oscuridad. Se acercó a él, lo tomó por el brazo y lo acompañó hasta que pudo conciliar el sueño. Curiosamente esta escena empezó a ocurrir de manera repetitiva y un día cualquiera Georgina se atrevió a preguntarle a Dámasso:

—Mijo, ¿Con quién hablas en las madrugadas? — Ante lo cual Dámasso respondió:

— Tía Yoryi, hablo con mi abuela Francisquita, que viene siempre a recordarme que este no es mi lugar, ella no quiere que yo viva con ninguna de las hermanas de mami y dice que solo me dejará en paz cuando yo me vuelva al pueblo o viva con alguna de las hermanas de papi.—

Georgina sintió que un frío intenso se desplazaba por todo su ser.  Por primera vez en su vida era testigo de cómo el mundo espiritual hacía visita en su propia casa sin tener las armas claras para enfrentarlo.

Francisquita era la abuela paterna de Dámasso, había fallecido siete años antes y nunca estuvo de acuerdo con la unión entre Pedro Antonio su hijo, y Andrea. Murió resentida con él y ahora de manera particular, regresaba del más allá a ejercer la autoridad que no logró en vida.

Ante tal situación, Georgina se reunió con sus otras hermanas y les manifestó lo ocurrido, por lo cual tomaron la decisión de visitar a un “Curioso”, nombre que se le asignaba a la persona que tenía dones paranormales de comunicación con el más allá, hechicería o brujería.

Como respuesta a la consulta, el Curioso dijo que, efectivamente el niño estaba siendo visitado por el espíritu de su abuela, corroborando la versión de Dámasso. Recomendó a Georgina colocar a dormir al niño en el suelo sobre un trapo rojo y arroparlo con un trapo negro para que el espíritu no tuviera contacto con él. También debía colocar en las esquinas de la casa, cruces de hierbas amargas como matimbá, crespín y caraña. Tristemente ninguno de estos remedios funcionó, al contrario, la salud física y emocional de Dámasso empeoró y la casa empezó a invadirse todos los días a las seis de la tarde de un olor fétido insoportable que, solo desaparecía cuando Georgina utilizaba palabras soeces para referirse a la presencia maligna en su casa.

Finalmente, como la situación empeoraba y ninguna solución grande o chica era suficiente, las tías maternas accedieron a que Dámasso se fuera a su casa paterna, tal vez de esta manera los ataques cesarían, la vida del niño trascurriría normal y el espíritu de Francisquita descansaría en paz.

Ya en su pueblo, los primeros días pasaron en aparente calma. Luego, los ataques de Francisquita hacia el niño se hicieron más frecuentes, hasta que un Viernes Santo en la mañana encontraron a Dámasso sumido en un sueño profundo del cual no regresó.

Los viejos del pueblo decían que se lo había llevado el espíritu de Francisquita, otros decían que lo mató la pena moral, algunos simplemente decían que Andrea vino por él, porque sentía que estaba sufriendo demasiado.

Lo cierto es que, los hombres cuando van a sus fincas en las madrugadas frías del Caribe, afirman ver la figura delgada de Dámasso al pasar por la puerta del cementerio, vestido de blanco y sonriente levantando la mano en señal de saludo; se le nota feliz, sin persecuciones o ataduras, con la bendición del cielo y la tranquilidad de las almas libres.

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