TU RISA

Jorge Alberto Narváez

Hoy, temprano en la mañana, recordé el timbre especial de tu risa. Entonces sentí ese bienestar que da un lunes de vacaciones, después de mirar el despertador y decirle con la mirada que te vas a quedar en la cama hasta que te dé la gana. O esa tranquilidad que encuentras al mirar el puerto después de remar a través de las olas durante mucho tiempo, ese suspirar por saber que lo peor ya pasó. La alegría misma hecha sonido.

Sí, hoy se me vino a la mente el brillo de tus ojos cuando ríes. Esa puerta al sol al despuntar el alba, esa entrada a un mundo perfecto, un retazo de cielo que me llena el alma.

Esta mañana muy temprano llovía y hacía frío. Pero tu recuerdo me abrigó el espíritu, fue como encontrarme con el olor de las plantas y de la tierra mojada. Esa sensación de alegría me invadió la esperanza. Sé que en algún momento nos volveremos a comer el día a mordiscos grandes para saborearlo a placer, lentamente y sin temor a nada. Entonces sonreí como cuando te veo reír y me abrigué el corazón y el cuerpo, la esperanza y el alma.

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