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EL JOVEN CUCÚ

Aaron Parodi Quiroga

Dedicado a mi amigo Javier Quiñonez Quiroz

Cucú era un pájaro diferente, siempre llevaba la contraria y se aburría extremadamente por el solo hecho de salir cada hora.  Consideraba que era un acto muy elemental eso de esperar tanto para solo decir; «cu-cú», tres veces.

Con la templanza que le caracterizaba, en aquella bodega de la tienda del viejo Filemón, comenzó a practicar algo diferente para anunciar la hora, decidió cantar. Sus amigos cercanos le reprochaban tal actitud, ya que consideraban una afrenta descomunal y una traición a los antepasados que, con mucho sacrificio, afinaban su sonido para alertar la marcha del tiempo.

Eran largas las horas que Cucú dedicaba a pulir su canto, pero cada vez era más desastroso. Ya al borde del desespero, sus amigos lo ignoraban porque sabían que Cucú jamás iba a cambiar de opinión. Así que delegaron al reloj más viejo de la bodega, para tratar de mediar con él, pero encontró esta respuesta:

—Históricamente, nuestros parientes se han educado con el solo propósito de cantar afinadamente cada hora. Pero ustedes no se dan cuenta que el cambio nos ha archivado aquí. Ya nadie quiere comprarnos para alegrarles sus vidas. Hoy, solo adquieren relojes digitales que son utilizados para activar la alarma que los despierta cada mañana con un sonido estridente; por eso, el humano se despierta cada día de mal humor. Es considerado como un fastidio nuestro anuncio y ustedes no quieren aceptar que estamos obsoletos. Intentaré algo diferente, algo que pueda motivar nuevamente a los compradores: voy a cantar cada hora. Ya he preparado un repertorio, lo suficiente para no repetir las canciones durante una semana, así los dueños volverán a ser felices.

Atónito con la respuesta del joven reloj, guardó silencio por un momento, esperando encontrar los argumentos necesarios que rebatieran su posición, pero lo único que salió de su pico fue:

—¡Pero cantas hooorriiibleee!

No pasó mucho tiempo cuando a Cucú lo compraron y fue devuelto inmediatamente alegando que estaba descompuesto, ya que no daba la hora como los de su género lo hacían.   

El joven Cucú permanece feliz aún en la vieja bodega, esperando cada hora para cantar desafinadamente a sus viejos amigos relojes, que ya aceptaron su destino: EL OLVIDO.

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4 comentarios en «El joven Cucú»

  1. Existen personas que se niegan rotundamente a ser formateadas por las costumbres impuestas por la sociedad. Su manera de pensar y de ser es diferente, y precisamente eso es lo que altera al orden ya establecido.
    ¡Noooo! Ojalá todos tuviéramos la valentía, la voluntad y la persistencia de Cucú para realizar nuestros sueños y no conformarnos con lo que «debe ser».
    «Porque así ha funcionado y así debe continuar».
    Yo elijo quién y cómo ser, siempre actuando de manera ética y responsable.
    Este cuentito está narrado de una manera tan sutil, tan tierna que fue un deleite para mí leerlo.
    Mi agradecimiento y felicitaciones a Aaron, ??

  2. La verdad, me dejó pensando muchas cosas.
    El olvido es una experiencia voluntaria por la que pasamos todos para no recordar lo que hemos sido, tenido y vivido anteriormente.

  3. Ricardo Hernández López

    Romper con las costumbres es complicado. Innovar no siempre es bien visto. Pero hay que atreverse. Alguien tiene que romper esquemas. Gracias al autor por regalarnos esta buena reflexión.

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