LA BARCA DEL RECUERDO

Marianné Rivera

Hay momentos mágicos que iluminan con alegría y, a veces nostalgia, la cabeza atosigada de adultos que una vez fueron pequeños soñadores. La añoranza suele llevar de viaje al pasado para reencontrarse con los momentos importantes que forman parte del existir. Aromas, sabores, canciones, texturas, traspasan el oleaje del tiempo para arrastrar la mente del presente al origen del recuerdo. 

Hoy, la barca me traslada, por un instante, al maravilloso mundo de mi infancia, cuando tenía seis años y dormía en la acogedora cama de mi habitación ubicada a un lado del jardín. La ventana ataviada con adorables cortinas rosas permitía traspasar los cálidos rayos del sol que le daba un suave toque de ingenuidad, lo que provocaba un agradable despertar. Los pájaros solían cantar en los árboles y creaban una perfecta atmósfera de paz… ¡Parecía un cuento de hadas!

Ese día en especial, recuerdo escuchar la voz de mi padre que me llamaba para ir a la panadería; emocionada salté de la cama, coloqué las pantuflas en mis pequeños pies y me dispuse a salir. Él me esperaba feliz en la sala con mi abrigo, cuando me acerqué lo puso sobre mis hombros y sus ojos alegres y avispados me miraban con el amor que solo un padre puede expresar. Al salir de la casa me tomó de la mano y caminamos hacia la panadería, yo le platicaba un sin número de historias locas, su pícara sonrisa se iluminaba al escucharme. Cuando llegamos, escogimos el pan y contábamos las piezas que debíamos llevar; uno para mí, decía papá; otro para tú mamá, uno más para tu hermano y otro para mi pequeño, hacía una pausa y me miraba de reojo, yo, con una tierna sonrisa preguntaba: ¿y mi churro de azúcar? Él me observaba divertido y respondía: ¡Ese no puede faltar! Me daba las pinzas y permitía que lo tomara, siempre agarraba dos piezas, un churro de azúcar para el camino y otro para el desayuno. Después de la compra, cogía la bolsa de papel y tomaba el pan extra, lo partía a la mitad, uno para mí y otro para él. Era muy divertido comer el churro, porque al terminar la boca quedaba llena de azúcar; mi padre sonreía satisfecho, limpiaba mi cara y le daba mi mano; juntos caminábamos de regreso a casa. Cuando llegamos, mi madre aguardaba un tanto impaciente con el desayuno preparado, dispuesto en la mesa del comedor y mis hermanos sentados esperando el delicioso pan recién horneado que compartíamos felices.

Mi padre se dispuso para salir al trabajo, lo noté un poco triste y preocupado cuando se despidió de mi madre y hermanos; lo acompañé hasta la puerta, él me miró de una forma muy especial, puso mi cara entre sus manos y besó mi frente; lo abracé fuertemente y le pedí que no se fuera, con cariño y voz bajita me dijo: ¡Nunca te dejaré sola! Y salió.

Horas después, él trascendía al más allá y yo miraba en el espejo mis ojos tristes y llorosos por su repentina partida.

Al pensar en ese momento, puedo decir: Gracias papá, porque no solo me diste la vida, me enseñaste en poco tiempo la importancia del momento.

En la actualidad, cuando saboreo un churro de azúcar, revivo los hermosos instantes con mi padre y la dulce historia de mi niñez; entonces pienso en la trascendencia del tiempo y lo efímera que puede ser la vida, pero a ti, ¿a dónde te lleva la barca del recuerdo?

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Con todo mi amor para Gonzalo Rivera Vega (1954-1985)

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3 comentarios en «La barca del recuerdo»

  1. Querida Marianné, deseo felicitarte, tu crecimiento literario ha sido notorio. Esta relato (La barca del recuerdo) es sublime y refleja lo anterior.
    Me gustó (sobre todo) porque me hiciste viajar en el tiempo con dos de los seres que más he amado y ya no están más, sin embargo, su paso por mi vida vino a dejarme lo más preciado que tengo de ellos: Su ejemplo, su amor y recuerdo.
    Te abrazo con profundo respeto, admiración y cariño.

    1. Mi querida Yedenira:
      Agradezco mucho tu comentario, sé que hay situaciones dolorosas que nos obligan a crecer, pero al final del proceso te das cuenta que las personas que llegan a nuestra vida nos dejan un invaluable obsequio que nos hacen ser mejores personas. De verdad, muchas gracias por tus hermosas palabras, por tu apoyo y por esa maravillosa forma de ser!! Te mando un mega abrazo con mucho cariño!!

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