EL RELOJERO

Irene Tapias

 

El viejo relojero

llega muy temprano a esa calle del barrio

a curar las heridas de cronos

trae en las manos una sombrilla y la abre contra el sol

Se toma a sorbos un tinto que le ofrece la vecina

conversa, sabe tantas cosas

analiza, sintetiza y conceptúa con la agilidad que desarma el tiempo.

 

El viejo relojero en esa misma calle

Se ha cambiado de acera varias veces en tres décadas

Nos mira a través de su lupa

ha visto crecer los niños del barrio

y desde su butaca le ha dicho adiós a las carrozas fúnebres que llevan los cuerpos de los vecinos muertos.

 

Los callejones del barrio cada vez están más solos

pero el relojero sigue allí

Tiene la barba blanca de tanto tejer telarañas en la pared despintada.

 

En la tarde se va a su casa

 pero deja un sueño despierto

en las manecillas de sus relojes

y un par de historias amarradas a las raíces del olivo

En la noche le roba pedazos a la luna

para armar rompecabezas en una habitación oscura

hasta que el sol vuelva a alumbrar.

 

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