BOLERO Y SALSA

Andrea Barrios

Se mezclan los ritmos en el calor sofocante de Trinidad de Cuba. El restaurante turístico ofrece baile. Silencio en nuestra mesa. Contemplo el fondo de mi vaso un largo rato hasta que una hermosa mano color café me invita a bailar. Acepto, me levanto y no miro hacia atrás. Total, sé que en nuestra mesa no habrá ninguna reacción. Empieza la salsa. Con olor a trópico, me lleva firme de la cintura.  Después de dos músicas, me dice con voz suave:

— Encuéntrame cerca del baño, al lado del salón. 

Siento un fogonazo en la cara. No sé qué decir. Disimulando como puedo la sorpresa y el no saber qué hacer, le hago un gesto con la cabeza agradeciéndole por el baile. Vuelvo a la mesa, donde todo sigue igual. El fondo del vaso sigue acechándome.  El bolero insiste en colmar el salón a media luz y trae de arrastre minutos interminables. Aún silencio y nada en nuestra mesa. Se me ocurre que mi vida también viene al mismo compás. Pero necesito salsa. Me levanto y aviso que voy al baño. Le pregunto al mozo que pasa dónde queda. 

La curiosidad y el deseo se me hacen urgentes. A medida que atravieso el salón, caminando al ritmo del bolero que ya casi termina, siento que respiro cada vez más a mi propio ritmo. Al llegar a la puerta del baño, él se asoma desde la oscuridad de un rincón y me acerco. Empieza la salsa que anhelaba (en ese momento escucho las trompetas que atacan los primeros acordes de Tú me quemas).

De una mano me tira con fuerza hacia su cuerpo, me besa, qué sabor, contra la pared, así, la presión de su cuerpo, su calor, su respiración en mi cuello, la transpiración,  la mano bajo mi escote, ay Dios, tengo que volver, besos, lo siento tieso bajo el pantalón, le abro el cierre, siénteme, ay mamita, así, me levanta el vestido, sé mía, nada más importa, me alza, mis piernas alrededor de su cintura, con prisa y firme, ay mamita, pero no hay tiempo, no hay tiempo, no me importa, golpetea en mi oreja su aliento cada vez más acelerado, me asomo corriendo al abismo y caigo en vértigo ahogado en el cuello de su camisa.

Silencio y música…  Jadeo… Me suelta. Vuelvo a poner los pies en la tierra. Me acomodo el vestido, el cabello. Quisiera poder abandonarme un rato, inerte. Un último beso. Me doy media vuelta y otra vez no miro hacia atrás. Entro al baño y tranco la puerta. Me encuentro ante el diminuto espejo de bordes ennegrecidos de humedad. No me reconozco. Me lavo la cara. Respiro hondo. Trato de recomponerme. Retomo mi historia de donde la dejé.

Vuelvo al salón y lo atravieso ensayando mi paso más firme. Impecable e intocada. En la mesa, al son de Qué locura enamorarme de ti, me espera mi marido con un mojito insulso.

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7 comentarios en «Bolero y salsa»

  1. Tus palabras cautivan y sostienen al lector hasta el final. En la parte erótica manejas mucha delicadeza que vuelve agradable la lectura.
    Felicitaciones Andrea.

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