MAMÁ

Michael Babilonia

 

A Deyanira Otero, mi abuela. Tus silbidos y palmadas han marcado el ritmo de tres generaciones.

 

El sonido de una puerta antigua rompe el silencio de la mañana,
los pies de una mujer de acero -mamá- se deslizan con cautela sobre el piso de cemento de las habitaciones. Está frente a mi cama, con la piel puedo sentir que me mira.

Da media vuelta y sale en busca del fuego para encender la leña y preparar el café que lleva tomando hace más de sesenta años.
El humo tiñe las paredes de madera de la vieja cocina, se elevan las cenizas de un roble que sacrifica su cuerpo para satisfacerla.

Un olor maravilloso recorre la casa,
un olor que para mí significa lo que el incienso y la sangre
significarían para alguna divinidad antigua ahora olvidada.

Un olor a hierba vestida con gotas de plata por la mañanita,
un olor a surcos de tierra que se preparan para la siembra.

Un olor a fruta madura que cae del árbol,
olor a brisa de abril que estremece sus largas polleras.
Un olor a sus manos incansables.

Un olor a su vientre fértil que explotó en vida trayendo a mi madre y a mí como consecuencia.

 

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5 comentarios en «Mamá»

  1. Nos lleva en un viaje de recuerdos a través de los diferentes aromas que experimentamos en nuestra casa paterna, junto a nuestra madre. Hermoso poema. Felicitaciones Michael.

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