DESPERTAR

Gretel Velasco

Mi nombre es Mariana, hace pocos días me he puesto a pensar por qué mi cambio. ¿Qué es esto? He subido mucho de peso con la pandemia, he sido débil para mantener la dieta, ya no me siento bien conmigo misma, mi cuerpo no es el mismo, busco ayuda con nutriólogos, terapias, no dejo de comer, es como si me resistiera.

Comenzar de nuevo no ha sido fácil, no conozco a nadie en el edificio, me siento frustrada, mi cerebro está cansado de cargar con otros tantos temas; la edad me está alcanzando, mis fuerzas no son las mismas ni la paciencia.

Ayer casi me acabo un pastel completo, pero estaba delicioso, además los programas y series me mantienen con vida; me he convertido en una esclava de la pantalla, el celular me da tantas opciones que pareciera estar poseída; la cama me absorbe por su comodidad, el olor a encierro caliente pone mis neuronas a dormir.

Pero, ¿qué está sucediendo? ¡Me ignoré todo este tiempo! Mi jefe no tiene contemplaciones manda trabajo en mi cumpleaños. Le entregué a mi esposo la felicidad en sus manos porque solo soy feliz si él sonríe. Mis hijos se convirtieron en mi mejor pretexto para no salir con mis amigos y quedarme encerrada en casa; mi espíritu murió junto con mi madre porque era mi consejera, mi fuerza, nadie mejor que ella para entenderme. ¿Entonces, qué necesito hacer? ¿qué tengo que decidir?

Me enseñaron todo el tiempo a quedar bien con la gente, a no ensuciar mi ropa, no gastar los zapatos, no gritar, callar porque alguien más se podría enfadar. Sin embargo, mi ser consciente hace un recuento, cuando era pequeña me gustaba dar piruetas en el preescolar y así entrar al salón pues me sentía cirquera, giraba y giraba viendo cómo mi falda se esponjaba. La feria era mi mayor ilusión, subir a la rueda de la fortuna y ver mi casa a lo lejos cuando estaba bien arriba era emocionante; salir en bicicleta, jugar bajo la lluvia, esos eran tiempos de gloria.

Hoy todo es distinto, los niños no salen, los temores son muchos; al vecino lo secuestraron, a la alumna la violaron, a la de la tienda la asaltaron, a Micaela la perrita la hicieron barbacoa, parece que el brillo de todos se ha ido apagando. Empezamos la pandemia entusiasmados creando pasteles y hoy la estoy mirando por la ventana, comiendo mis miedos, saboreando sueños, saboteando a mi gente, participando callada, pensando en silencio, cansada.

Pero, ¿cansada de qué? La vida sigue, no para, el reloj va hacia adelante no para atrás. Despierta de este sueño fugaz, la muerte nos ha visitado de cerca, batallas por las que no me he de lamentar, me he de salvar y liberar. Doy gracias por sentir, soy un ser humano que gestiona sus emociones; no me preocuparé por el futuro porque viviré en gratitud por cómo vivo ahora justo en este momento. Vuelvo a dar de vueltas una y mil veces en la sala de mi casa.

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4 comentarios en «Despertar»

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