Réquiem

Rikardo Pantoja

 

Geógrafo

Mi país limita al norte con un mar lleno de sobornos, navíos a través de senderos saldados y corrupción.
Al sur, limita con el miedo de mil voces que sabían de los muertos inocentes.
Al occidente, limita con una guerra de mil años.
Al oriente, con terrenos baldíos, llenos de sangre
Tiene el pico más alto su envidia, y en la capital no solo brilla el oro, también el afán.
Especies en vías de extinción y reproduciéndose cual plaga, manos que se venden.
Los señores de bien caminan sin tiempo, su afán es darnos la espalda
La esperanza se esconde en todos, en uno, en vosotros
Ciudadanos de una nación inquebrantable, alegrías y miseria, sonrisas y caras sucias.
Niños que mueren al llegar la tarde
No extraviemos la identidad, ni el dinero de nuestro trabajo
Algún día tendremos que elevar plegarias al cielo y pagar por ellas

 

 

Resplandor

No quise dejar huellas, por ello llevo guantes con una piel moderna.
Regresé a la frontera.
Necesitaba otra vez convertirme en extranjero, sentirme liviano y deambular por las calles dónde todos hablan, pero ninguno se escucha. ¿Para qué? Sí no cambiaron de color a las horas, por sentirse dichosos de una memoria del tamaño de un día soleado. Yo me vestí cómo solía hacerlo los domingos. Con un libro entre mis humos, con el humo entre mis huesos, con mis huesos atrapando eso que llaman alma. Elegí ser bueno para tener una calle donde caminar conmigo mismo y toda esa maleta de recuerdos; tan livianos, que solo yo sé cuánto pesan. Ahora que bajo mis ojos encuentro tantas pistas de mí último eclipse, llamo a todos por su nombre.
Así ellos no me distingan, así ellos hayan sido avalancha y yo un terremoto de contradicciones. Me han llevado tan lejos mis átomos, que cambié de opinión de voz, de cielo.
Solo para tomar una fotografía, aquella que salva de las cenizas a un oasis, a pocos kilómetros del último sorbo del ayer.

 

 

Escritura sin nombre

Una migaja de creación me habita, pregono silencios que explotaron en mi cabeza
Respondo preguntas y coincido con las respuestas
Para volver a nacer nadie proclama su muerte
Todos leyeron mis errores, pocos conocen mi nombre
Me reconozco en todas las formas, por ello tengo mi propio universo
No solo el mar tiene abismos
Las páginas de Borges me observan desde su ceguera
He aprendido a duplicarme en un verso
¡Es libre solo quién no sabe expresarlo!
Hago una pausa donde escribir me suceda
Hay tantos brazos del tiempo regados en mi día, sí me detengo, fingir algo de locura será fácil.
Hablar de horizontes y en cada uno colocar advertencias para los hombres.

 

 

Abril

El miedo se acercó a las ventanas
La lluvia mientras tuvo memoria se paseó en las noches
Las sombras no tuvieron número, firmaron su silencio y pasaron a ser tan solo lágrimas.
Hubo un profeta que supo decir la verdad, su traje metálico lo llevó hasta la locura.
Aquella desdicha que traía el número trece se cambió por hambre
Unos resistieron desde su paramo, otros buscaban billetes
Solamente uno rezó la oración mientras su orgasmo era de oro
En el cielo no hubo lluvias atómicas, parecía ser un verano de aquellos que solo traen manzanas y miedo.

 

 

Primera Parte

Soy el más desgraciado de los hombres
Por llenar el cielo de pulgas
Por dejar a un lado a dios y olvidar al diablo
Por haber fumado marihuana el viernes, ayunado el sábado, morir el domingo.
Por ser presa fácil del silencio y masticar opiniones
Por leer poesía desnudo y morir vestido
Por no escuchar a mi espejo, gritar su pasado
Soy el más egoísta de los hombres
Al tener el dolor entre mis manos y no querer dar un bocado al mundo.

 

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