MI PAPÁ ME ENSEÑÓ...

Ángeles Montes

Casi nunca lo vi rezar, pero sí platicaba todo el tiempo con Dios.

No iba a misa, prefería ocupar sus domingos en ir a «Rescatar borrachos”, como él le llamaba a su labor de más de cuarenta años en Alcohólicos Anónimos.

Nunca me reprendió por no guardar la vigilia en Semana Santa; pero sí una vez por haber destruido un hormiguero mientras me repetía que la vida animal se respetaba.

Era un manirroto ante la necesidad ajena, siempre presto a ayudar a quien se lo pedía; aunque no pagaba diezmo ni daba donaciones a la iglesia.

Un día me dijo que Dios no era ese ser rubio de barba rizada y sonrosadas mejillas que aparecía en los retablos, sino esa niña que vendía chicles en los semáforos, el teporocho «patas reventadas» que mendigaba el peso para un alcohol o el perro flaco de la calle al que todos pateaban.

Nunca tuvo carros del año ni propiedades, pero mucha gente le lloró y le agradeció lo mucho que en vida les dio y les dejó.

Adoraba el mar, sentarse en la arena y contemplar el atardecer, porque decía que ahí era en donde vivía su Padre Dios, no en los templos ni en las capillas.

Jamás lo vi llorar o clamar al altísimo ante el féretro de alguno de sus amigos o familiares muertos, pero sí invitarle a comer, a tomar un café o solo platicar mientras este estuvo vivo.

No le gustaba leer la biblia ni predicar el evangelio, pero gran parte de su vida la dedicó a ir a las cárceles, hospitales y a las comunidades más apartadas a transmitir el mensaje de salvación de A. A.

Mi papá me enseñó que un abrazo y un beso eran la mejor medicina. Que una palabra de aliento daba vida y la presencia del amigo ante la adversidad era un tesoro.

Decía que nunca se es tan pobre como para no poder compartir algo con los demás; que la música, la risa y el buen humor prolongaban la existencia. No sabía bailar pero ninguna mujer se negaba a su invitación porque sabía lo mucho que reiría al hacerlo.

Mi padre me enseñó un Todopoderoso de acción, de amor ¡de vida! Un Dios de hechos, no de saumerios ni nichos ni sotanas, porque como él siempre me decía: «Tanto rezo hija, le choca a Dios».

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4 comentarios en «Mi papá me enseñó…»

  1. ANGELES MONTES, en tu obra MI PAPÁ ME ENSEÑO reflejas la descripción de un ser terrenal, pero con una grandeza espiritual que posee unos principios claros para reflexionar, para tener en cuenta, invita a aplicarlos para ser un poco más humanos rescatando la humanidad, el altruismo que tenemos guardado en el fondo de nuestras almas; que se hace necesario sacar a la luz para contribuir en la construcción de un mundo mejor siendo embajador de la Divina Providencia compartiendo con el que realmente necesita no sobras sino lo que todos tenemos disponible nuestro tiempo para escuchar a las personas y brindar un buen consejo en un instante determinado donde la existencia con su brújula nos ubique. Muchísimas gracias por esta narración que da una gran lección de vida, felicitaciones y un fuerte abrazo desde Colombia.

  2. Muy agradable el relato, el papá al que hace referencia quien uno imagina es el padre de la escritora, es un ejemplo de vida como persona y un ejemplo de crianza como padre, me encanto toda esa personalidad descrita que me ejemplificante, aunque como ejemplo me cuesta aceptar lo de manirroto debido a que mi madre también era así y varias personas se aprovecharon de eso.

    Ángeles muchas gracias por tan maravilloso relato!

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