LUNA ROJA DE ENERO

Gloria Judith López

 

SI ESTAMOS NOSOTROS

Cuando tus ojos confiesan limpias historias,

como el reflejo del sol en el agua virgen,

se sacude el letargo

y se liberan poemas

que inician su curso

como si navegaran por caudales

hasta el esperado puerto.

Nervioso… por ver ante sus impacientes ojos

la feliz misiva, cual si fuera

la de una prodigiosa amante.

 

Cuando en tus labios hormiguea

el afán del delirio,

nacen cantos en el jardín de los suspiros

y una orquesta de susurros seduce la razón.

 

Cuando el pecho reclama poesía,

los rencores deponen su osadía,

las fibras… destierran lobregueces

y un misterioso poder estremece las venas

para inventar la alegría.

 

Cuando la piel es lienzo de secretos ritmos

no duerme ni descansa el pincel,

lo asaltan sobresaltos y melancolía,

y a veces, en deliciosos recuerdos, escuda la hiel.

 

Cuando la noche prodiga sus excesos,

nos insta a irnos de los cuerpos

y a perforar palabras

para armar collares de amados versos.

 

 

IN MEMORIAM, REDOSHI

Hoy mis labios se pronuncian,
rompen un silencio soterrado por la indiferencia
y la incertidumbre nefasta de la crueldad que nos ha tatuado la historia.
Estoy aquí, habito esta piel un poco clara,
me deslizo por los recovecos de la memoria social plagada de raíces.

¡Es doloroso!
¿Sabes Redoshi?
Te imagino iniciando tu pubertad, corriendo con Libis, en tu aldea, libre,
plantando huellas en tu tierra, tu África, mi África origen.

El despiadado sicofante señaló la ruta hasta ti,
y la razia segó la vida de tu padre;
el dolor deshizo   la mujer que te parió y la semblanza no pudo nombrarla.
Arrancada fuiste de tus paisajes y tus raigones. Por unas monedas te lanzaron hasta la oscurecida cala, 
donde   las cadenas y grilletes rasgaban las carnes,
un bostezo del averno se confundía con llantos, lamentos, dolor, desarraigo e ignominia. 
El Clotilda soltó amarras y rompió tu cordón umbilical,
navegó sobre las olas que brotaron saladas de las pupilas azules de Yemanyá.
Las noches y los días fueron incoloros en la eslora,
la sed reinaba sobre los cuerpos desnudos de harapos, sueños y fantasías.
Una larga travesía hacia lo ignoto martilleaba sobre los ojos desorbitados en las tinieblas, la sangre galopaba con furia in crescendo,
el óbito respiraba en el cuello y cojeaba la esperanza.
Han pasado tantas lunas, soles, páginas… Hoy soy tu voz, tu grito, tu espalda marcada por los látigos que te infligía una mano igual a la tuya y a la mía.
Hoy, Redoshi, la sima fangosa del mar escupió las pruebas carbonizadas del engaño vil,
emergen pecios bautizados con tu nombre, el de Lewis y el de miles de hermanos ahora espectros que reclaman justicia por la barbarie.

 

 

CÍCLICO DESPERTAR – PANDEMIA

Fonemas escurridizos y filosos como navajas se guarecen en mi pecho que arde con el abraso de un quejido inherente al óbito, libertario instante sepulcral.
Amar es una condena, silenciosamente abatido el sentir es una daga que lacera la cercanía.
¡Besar es un verbo prohibido, atado con cuerdas que asfixian y castigan el amor en los labios!
¿Abrazar? Los brazos como saetas despedazan, estrangulan y extinguen  nuestro linaje.
Secuestrar el aire que nos pertenece como el sereno es tesoro de un pétalo y la prímula calla cuando es arrebatado por el sol…
¡Esa es la misión de nuestro enemigo silencioso que no se oculta pero no se ve!
Desgarramiento, hastío, pestilencia, negror, dolor y tormento se filtran por los resquicios de una escarpada angustia que nos caza, como una pavesa que desaparece en el espacio.
Solo genuflexiones y alaridos callados reinan en el camino desierto de sonrisas y marcado por un fuego fatuo que indica los nidos despojados de toda vida.

 

LUNA ROJA DE ENERO

Me rondan atrevimientos de tu boca

cuando danzabas, fuera de sí,

en mis inicios;

cita de labios que portan entregas en desenfreno;

esperas, sin cordura, por la confusión de pieles.

No se halla, nerviosa, la extraviada visión

agobiada por el deseo,

sigue cual mariposa sin rumbo

cautiva por mis espesas montañas.

 

Firme, reconoce mis dimensiones;

se empalaga con el néctar de versos

que surten mis fuentes…;

ellos, desatan incontenibles borrascas,

me atraen a ígneos fondos

y soy presa de sus fuegos;

abrasan mis ganas en magma con las tuyas,

y en constante lumbre,

el universo se estremece

ante el crepitar de poros.

 

Y… hasta la luna se turba;

se relame, golosa,

flamea su mirada;

¡ella lo sabe!,

cuando seduce cordilleras y planicies;

se sumerge, íntegra, en la libertad de las fuentes,

porciones de paraíso

que me mantienen a ti ceñida

en tus delirantes palpitaciones.

 

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1 comentario en «Luna roja de enero»

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