NOCTURNO

Anushka Tereshkova

 

Sin alma

Y sí, te quedas sin alma cuando lo que das no encuentra eco.
Cuando a las palabras que gritas
les responde el silencio.
Cuando tus ilusiones dan risa y a un sentimiento
replican con un no, que suena a estruendo.
Cuando izas las velas de un barco que va a otro puerto
Cuando buscas brisa tibia y encuentras viento
Cuando sollozas fuerte y no hay pañuelos
Cuando a noches de insomnio siguen días funestos
Cuando a planes de vida
la muerte juega su juego.
Te quedas sin alma y eres solo cuerpo,
para paliar la pena,
para no sentir miedo,
para creer que la vida,
te tiene un rostro nuevo.
Te pones una máscara y sales al ruedo
y el toro por las astas tomas
para lograr vencerlo.
Te quedas sin risa, sin mañanas,
con tu soledad a cuestas,
con un insomnio eterno.
Con certezas de que esperar ya no es consuelo,
que está todo más que dicho,
que todo encontró su cauce
y que ya sabes muy bien,
donde no habrá ni futuro, ni planes,
ni siquiera sueños.
Te quedas sin alma,
pero un día la tuviste
y te la destruyeron.
Recuperarla es tema
de otro cuento
que escribirá la luna en otro cielo
siempre hay un resto, una vuelta más, un por ciento
que se guarda en la alforja para estos tiempos.
Y la luz vuele a brillar y el aire nuevo
te va tejiendo un alma y te va cosiendo el cuerpo.

 

 

Tengo una asesina en mi interior

Tengo una asesina en mi interior.
Me gusta tu mirada suplicante,
encerrarte en mentiras meditadas,
atraparte en verdades solapadas.
Te amo más cuando preguntas si te quiero
porque tu duda me desata un torbellino.
Me fascina oír tu voz tan temblorosa
cuando tardo en responder,
tan maliciosa.
Me encanta cocinarte tus manjares
y degustar mientras me miras tan ansioso,
esperando un bocado que te niego 
mientras, hambrienta, lentamente lo devoro;
y ver cómo se desarma tu alegría
cuando en el plato 
no va quedando nada.
No creo en el amor sin condiciones.
Te escaneo todo el tiempo para darte
mi corazón.
Es tuyo y bien lo sabes,
pero todo puede cambiar en un instante.
Te saco los ojos y los llevo a mis entrañas.
Te corto los brazos y me envuelvo con ellos 
en mis ensueños.
Te castro, te cuelgo y te acuchillo.
Te quemo, te entierro y resucito.
Me gusta matarte y volver a darte vida
y saber que sigues siendo siempre mío.

 

 

Testamento

El cuerpo cede, la gravedad prospera

y en la sempiterna sucesión de días

mi juventud se marcha y todo se termina.

Tengo que dejarte, ya es hora y es tiempo.

Siento pasos prontos, un frío de invierno.

Te dejo las cosas que más nos unieron.

Te dejo la vida que hoy estoy perdiendo.

Este es mi secreto, me estoy marchitando.

Mi piel y mis ojos hasta aquí han llegado.

Te escribo estas líneas, son mi testamento

porque he de dejarte todo lo que es nuestro.

Te dejo el rocío que cae en las rosas,

tus flores queridas, tan rojas y hermosas.

Te dejo el bostezo con que despertaba

y el beso callado con que me marchaba.

Te dejo el silencio de mis horas tristes,

y la algarabía de los días felices.

Te dejo el adobo para que cocines

los platos más ricos, que siempre me hiciste.

Las siestas tan largas que tú respetabas

pues sabes de insomnios, de noches nefastas.

Te dejo la prosa y también la poesía.

Te dejo las tardes, las noches, los días.

Te dejo mi abrazo tibio y apretado,

y mis tonterías

y mis arrebatos.

Mis tantos berrinches y mis ansiedades,

mis horas de espera, mis debilidades.

Cómprate las fresas, cuando me recuerdes

y bebe ese vino, que es de mi deleite.

Escucha la música que tanto bailaba

y sal por las noches a cazar fantasmas.

Guárdame los besos que nunca me diste

y tantos te quiero, que no me dijiste.

No me llores nunca y no te arrepientas.

Lo que nos faltó, quedará de seña

para alguna vida donde he de encontrarte.

Búscame en las calles, en los arrabales,

en las bibliotecas; leyendo poemas

en los bancos fríos de plazas desiertas.

Nada he de llevarme, todo te lo dejo.

No quiero llorar, me voy en silencio.

No vas a extrañarme, lo sé de antemano.

Eres más que fuerte y vas a evitarlo.

No quiero, mas debo emprender el vuelo.

Y este es el adiós

y mi testamento.

Hemos superado todas las barreras.

Hemos transcurrido, hemos concluido.

Te dejo los bienes que hemos compartido.

No me llevo nada, el tiempo ha vencido.

Ten, está firmado y sellado con fuego.

Léelo en silencio y respeta mi ruego.

No quiero que llores,

dime algún poema; será la manera

de empezar tu duelo.

 

 

Nocturno

El cielo cae a pedazos en esta tarde tan gris.

Nadie se asoma, hace frío

y yo sufriendo por ti.

En el piano nocturno

y una tetera que humea.

Mi taza tiembla en mis manos,

se enfría tras esta espera.

 

El frío traspasa los huesos

y la lluvia en las ventanas.

La noche que es impiadosa

me dice que quizá mañana.

El piano va enmudeciendo

y yo dejo de esperar.

 

Hay tañidos de campanadas

que repican a lo lejos.

Más allá un barco que zarpa

y un recuerdo medio añejo.

 

Así fue la noche aquella,

ese día que te fuiste.

Yo acariciaba el piano,

era una tarde muy triste

que dio lugar a una noche

y muchas más de mi insomnio

con una tetera humeante,

un piano y un corazón roto.

Vamos a oír los recuerdos para que mueran en paz.

Tú vete por tu camino,

yo dejo ya de esperar.

 

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