PAJARILLO NEGRO

Anushka Tereshkova

 

Cuídate

Cuídate de lo que bebas
para que no te dé un insomnio insoportable
lleno de nuestros recuerdos.
Cuídate de lo que comas
para que no encuentres en cada bocado
el placer de nuestros almuerzos,
nuestras cenas y nuestras sobremesas.
Cuídate mucho
de las caminatas junto al mar
donde, en un arrebato de felicidad suprema
por estar juntos, nos dábamos un abrazo y un beso.
Cuídate de mirar vidrieras donde veas mi estilo
reflejado en ropas y sombreros que sabes que me gustan.
Cuídate bien del color verde, de la carne asada y de la luna.
Cuídate más aun de los veleros y de los caballos,
de los atardeceres al rojo vivo, de las canciones
que te hacían bailar cuerpo a cuerpo sin despegarme de ti
para sentir tu aliento en mi oído.
Cuídate sobremanera de dormirte con la luz apagada
porque veras mi silueta en la puerta
para pedirte que vengas a cobijarme
pues tengo frío.
Cuídate, Amor, cuídate mucho de mis recuerdos
porque de mí ya te has salvado.

 

 

Deshojándote

No vuelven.
Las hojas que caen ya no vuelven.
Vuelan en remolinos monótonos por la calle y por el parque.
Siguen la letanía del viento cada vez más fresco del otoño.
Son ocres y amarillas. No llevan destino ni esperanza.
Tú, una hoja de acacia.
Yo, una hoja sin nombre del árbol sin raíces que sucumbió a la tempestad.
Vamos en todas direcciones como roedores despavoridos.
Buscamos el sustento que nos daba nuestra planta. 
Ayer te vi más seco y partido en dos,
volando más liviano y ágil,
más lejos de mí que nunca.
No, no vuelven.
La hoja que se soltó del árbol ya no vuelve 
y su destino incierto no la conmueve,
no tiene sabia ni destino ni esperanza.
Ayer te vi rodando con otras hojas en un torbellino y reconocí tus pasos.
Te fuiste de largo
y yo seguí mi camino.

 

 

Después

Después…

¿Hay un después?

Si el fin es fin, frontera, perecer, acabar, ¿por qué empeñarnos en encontrar un espacio y otro tiempo? ¿Por qué la resistencia a que luego de cerrar los ojos, exhalar el último aliento, aflojar el puño y no latir más es la señal de que culminó tu historia? ¿Se esfumó tu tiempo? ¿Acaso la religión, que dio la respuesta al ansia de inmortalidad, sea la culpable de esta necesidad de un paraíso eterno, meritocrático y piadoso? ¿Acaso la reencarnación te traiga con otra cara y otro cuerpo, evolucionado y más completo? ¿Y si todo es mentira?

¿Y si nunca más tú y nunca más yo?

¿Y si aquellas promesas que nos hicimos tácitamente también murieron?

¿Y si en balde lloro y en balde espero?

¿Y si no hay por qué lagrimas ni lamentos?

¿Y si estás bien?

 ¿Y si no estás…?

Mejor vamos a pensar en los recuerdos, en la niñez, en lo que juntos vivimos y en los sueños… En lo que ya no será no, eso olvidémoslo.

Tu cara alegre me mira desde adentro y sé que este dolor que late sin consuelo, algún día se irá suavizando con el tiempo.

Yo quiero creer… Mas no puedo…que hay un después, un lugar, un rencuentro…

Necesito saber que voy a darte ese abrazo, esa charla, ese beso, esa risa… Juntos y todo el tiempo…

Te fuiste sin avisar, y yo me quedé con las manos llenas, con el pecho vacío, con las palabras atragantadas, con las anécdotas y los consejos. Yo… yo que te había hecho un mundo casi perfecto.

La incertidumbre me lleva a conjeturas que me quitan el sueño y sin piedad se vuelve insomnio la noche, el día y no lo entiendo. ¿Acaso la vida solo sea un hacer cosas para evitar la angustia del deceso?

Quizá la muerte sea el punto final, como en un cuento que si sigue indefinidamente se vuelve aburrimiento.

Quizá… este átomo que soy tan ínfimo en el Universo, no tenga alma, ni tenga sentido tanto duelo.

Partes… ¿A dónde?

Me sigues viendo… ¿Desde dónde?

Nos volveremos a ver… ¿Cuándo?

Aceptemos la finitud, somos aquí y ahora. No hay más.

Lo que fue será recuerdo y más allá no hay más. Al fin lo entiendo. Te guardo dentro de mí con todo celo, donde no llega la frialdad del olvido, donde lo efímero se hace eterno y las teorías se rinden y lo único cierto es que cada día que pasa, cada atardecer que cae, cada tren que se marcha y barco que zarpa, nota que calla…

Y ave que alza el vuelo, me dirán que estás tú, que no me faltas porque así lo decidí y lo decreto.

 

 

Luna de los perdedores

Como una moneda brillante

reina la luna en el cielo,

ajena a toda mi pena,

fría, ignorando mi duelo.

Cada noche me persigue

muda, fiel y pensativa.

Sé que siempre va conmigo

y que su luz me ilumina.

Compañera de pesares y

de alguna que otra alegría

vive solita en mi huerto contemplando mis desdichas.

Se va cada amanecer dejándome desvelada…

Yo la espero cada noche, porque ella acude sin falta.

 

Esta noche una gran nube

tapó su cara dorada

Y sé que no ha de cumplir lo que yo tanto anhelaba.

El regreso de un amor, un tormento que no pasa, un agujero en el pecho,

Un hielo por las espaldas.

Un adiós negro y profundo ciñe mi muda garganta.

 

Ya no ruego luna mía,

ya me siento resignada.

Vuelve tranquila a mi huerto

Prometo no pedir nada.

Solo acompaña mis noches

luna fiel, regresa a casa.

Desparrama tus destellos,

atraviesa mi ventana,

donde yo concilio el sueño,

Después de una noche brava donde miles de recuerdos

me apalean y apuñalan.

 

Hay una canción de cuna,

que mi madre me cantaba

que me brindaba sosiego

y que hoy siento cercana.

Será que el alma conoce atajos por donde, sabia,

encuentra caminos nuevos

para retornar a casa.

Hay un silencio cerrado,

por allí canta algún grillo,

más allá, sapos y ranas recitan un estribillo.

La brisa fresca

que danza,

una gota de rocío

y a lo lejos un galope,

pasos… Y un aroma a jacintos

¿Será que yo estoy soñando?

¿O que mi ruego se ha cumplido?

Hoy no quiero despertar,

quiero perderme contigo

y dormir un sueño eterno,

luna, ven, te necesito.

Vamos juntas al pantano

allí se sueña bonito

o al tope del acantilado

donde veo los barcos partir.

Luna de los perdedores, yo ya me quiero morir…

 

 

Volverás por ellos o por mi

La casa ha quedado triste y silenciosa desde tu partida.
Me paso las horas viendo en la ventana el sendero por donde venías,
cargada de paquetes, de comida.
A cada paso perdías uno, levantabas ese, y otro se caía.
Eras tan torpe como bella
y tan suave tu mano en las caricias.
Él bebe y fuma, duerme y escapa. Sé que llora en las noches
y en las mañanas.
No nos hablamos, solo nos cruzamos en la escalera o
en las ventanas.
Los dos esperamos lo mismo, y los dos sabemos que es una esperanza vana.
Tu aroma se fue debilitando en la casa, en las sábanas, en todas partes 
va quedando nada.
Solo en los libros hay un algo de ti que no se escapa.
Ellos están mudos, expectantes, con alguna
remota esperanza.
Yo me quedo a su lado, para que me digan, si lo supieran,
cuándo volverás a por ellos
y tal vez por mí.
Por eso me duermo en las filas más concurridas por tus manos,
y espero sin saber si falta tanto.
Él mira una esfera que hace tic tac, yo miro el día.
Las luces que no apagaste hoy siguen prendidas
y las zonas de penumbra están cada vez más frías.
Me dan pena las plantas que ya están desfallecidas
y el montículo de cartas que riegan el suelo, ya amarillas.
Me enamoré de ti ni bien te vi. “A primera vista”,
dicen ustedes para decir que un alma viene a buscar otra alma 
desde otras vidas.
No ha de haber otro amor más imposible,
no creo que exista.
Me conformaba con dormir en tu pecho,
con escucharte cantar y con tus caricias.
Pensé que me querías.
Hoy lo dudo, pues me dejaste aquí y no regresas.
Sé que volverás por tus libros,
por eso me quedo junto a ellos, así me llevas.

 

 

Pajarillo negro

Pajarillo negro
de plumas lustrosas.
que a tranco seguro
vienes y te posas
en la sangrante herida
que mis ojos lloran.
Tu vuelo es siniestro,
tu plumaje brilla,
tu pico punzante
y tu mirada fija.
Mi pena eres tú,
negro pajarillo,
que atrapas al vuelo
mi verso infinito.
Presientes y husmeas
que aún no se ha ido,
hueles la carroña
de lo que no olvido.
Mi pena eres tú, negro pajarillo,
bate tus alas lejos,
no anides conmigo.
Sigue tu camino,
evita regresar.
No eres bienvenido.
¡Déjame sanar!
No aceches mi pena,
mi pena eres tú,
negro pajarillo.

 

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