VOCES INFINITAS

Angela Penagos Londoño

 

Navidad

 Es tener una parcela

de pájaros y flores,

de auroras

de arañas y redes

al cielo.

 

Es sentir al otro

en el abrazo

de fraternidad,

en cada paso perdido

por los laberintos

del espíritu.

 

Es un coro de ángeles

y de niños

que nos deja en la puerta

un villancico.

 

Es dejar bailar en la paila

los buñuelos,

mecer entre ven venes

la natilla

y enharinar la masa

con paciencia

para merecer la delicia

de las hojuelas.

 

Es ir a ver las luces

en el río

de la mano

del alborozo.

 

Como mariposas monarca

posar pensamientos

con atisbo de infancia.

 

Navidad es salir del encierro

para elevar el alma

en aleluyas.

 

Entrar al paraíso del pesebre,

cuando la oveja llega

por el Belén del viento.

 

Vivir vale la pena

si sencillos y humildes

regresamos,

en esa noche sagrada

al Nacimiento.

 

 

Anticipo del viaje

 En la hora final

quiero comprender

la geometría

de un nido.

 

Un nido

ofrenda

de plumas y cantos.

 

En la soledad

las alas de los polluelos

prófugos de cielo

sorprendidos de ramas

y musgo seco.

 

Ese día quiero escuchar

la melodía

entre las piedras de la cascada

la onda infinita

de alivio para el viaje.

 

Y en el último instante

definitiva la mirada

los párpados abiertos

al iris del silencio.

 

Agazapada una lágrima

hacia las sombras

del adiós.

 

Todo visto.

 

Todo cumplido.

 

 

A la hora del vuelo

Entre el ocaso y el alba

se alarga el ritual

y se horada el dolor.

 

Me desvanezco

cuando tanteas

mis labios

y buceas

en la sola dicha

besando la guarda

de mis senos.

 

Tu desnudez

inmaculada

retiene el amor

a la hora del vuelo.

 

Indultados ante la codicia

de lo eterno,

solos,

en lentitud de vuelo

encontramos la ambrosía

de la muerte.

 

 

Flor de arizá

Brotan esquejes del útero vegetal

rojo encendido

oráculo en la memoria

de los iniciados.

Flor

hostia de sol

vida untada de polen,

pluma que espera

arder en el milagro.

Lunaré en la raíz

de su otoño

fragante

floración

desvanecida

en barajas de pairos

que vuelan.

Crecer en la noche

hasta descifrar el aire

de su llama.

Germinarme cierta

entre las piedras

y lenguajes antiguos

de savia.

Arizá

Arizá

flor sustantiva

en la hondura del fuego.

 

 

Voces infinitas

 La semilla guarda la sombra

y es jornalera

de todas las parcelas.

 

El pájaro se encorva

picotea de cantos

los días de sol.

 

El asombro

de la piedra

escribe sobre las ancas del tiempo

graba los andares

y saberes del ayer.

 

El alfabeto

anida al fuego

a los pigmentos

a la rosa.

 

Y la tiza

fija en silencio

almenas

de mil batallas.

 

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