AL COMPÁS DE LA RIMA

Roberto Enríquez Izquierdo

 

¡VEN! VIVAMOS NUESTRO CIELO

¡Ven!… Que guardo para ti una sonrisa

¡Ven!… A la vertiente de mi ternura

¡Por favor! El sol se oculta ¡Ven!  De prisa,

¡Ven!… A mis brazos que la noche apura.

 

Hagamos de nuestros cuerpos un nido,

Con galas de un romance en terciopelo,

Donde no persistan los muslos del olvido.

¡Acércate! A mí, vivamos nuestro cielo.

 

¡Ven!… Deseo escuchar el eco de tu voz,

Quiero arrullarte en mis noches de pasiones.

¡Ven!… Pronto que el tiempo pasa veloz,

Unamos, en un solo palpitar, dos corazones.

 

Tejamos imágenes que acosen a la noche,

Para que no sea fugaz, solo pausada,

Para que el olvido haga jirones del reproche,

Y beodos los dos ante el hechizo de un hada.

 

Desnudemos hasta nuestras sombras

Y en un ardiente sol, en una hoguera

Acariciarnos, en un todo, entre penumbras

Y que renazca, en nuestro amor, la primavera.

 

 

¿QUÉ ES UN BESO?,

ME PREGUNTASTE UN DÍA

 Me preguntas ¿Qué es un beso?,

niña, flor de mi alegría.

No sé si explicarte podría

aquello que le llaman beso.

 

Es como una suave sonrisa

que da inicio a una historia,

que lo transporta a la gloria

lento y sin ninguna prisa.

 

Lo da el hombre, lo da el ave

y posee un dulce lenguaje

que conduce a un feliz viaje,

dentro de una brisa suave.

 

El beso es tenue murmullo,

también un jardín de amor;

es sin duda lo mejor

de las rosas en capullo.

 

Es mescla de impresiones

como en las flores su aroma,

es cuando la dicha se asoma

para unir dos corazones.

 

Si no contesté ¿Qué es un beso?

Mi niña de ojos risueños,

llegará el hombre de tus sueños

y sabrás lo que es un beso.

 

 

EL SOL SE OCULTA

EN EL HORIZONTE

¡Camina!, ¡Ven!, la mañana espera,

Aunque la neblina aún forma penumbra.

¡Ven!, que nuestro amor no es quimera

Y el fulgor de una estrella nos alumbra.

 

¡Ven!, no vaciles ni un instante,

Olvida el huerto, la casa, la palmera.

¡Ven!, ¡Por Dios!, junto a tu caminante,

¡Huyamos! Que el futuro nos espera.

 

Yo sé que la indecisión taladra.

Deja al enemigo, su rencor, su alarde;

El can nunca muerde mientras ladra.

¡Ven pronto! Mi amor que se hace tarde.

 

¡Amor!, no tengas miedo, ¡Avanza!

No hagas de este instante una elegía.

¡Ten fe! En el amor, nuestra esperanza,

Que ni aún la muerte, arrebatar podría.

 

Caminemos por esta senda de rosas,

Donde no hay dolor, tristeza ni llanto.

Donde encontrarás colores de mariposas

Y serás prisionera de su encanto.

 

Viajemos en la nave del ensueño.

En un solo corazón, en nueva vida.

Donde del timón nuestro amor sea dueño

Y te sorprenda la aurora, junto a mí, dormida.

 

 

VERTÍ MI PRESENTE EN UN

CAUDAL DE BESOS

Esbelta caminaste por mis horas

Y sembraste tu silueta entre mis ojos,

¡Tu sonrisa! en encarnados labios rojos

Irradiaron tierna luz de las auroras.

 

Nació en el instante una alborada

Y tu mirada penetró hasta mis entrañas.

Respirabas aromas de montañas,

con sus flores habías sido engalanada.

 

Me acerqué pletórico de encanto

Con la ilusión que la dicha inunda,

Tras la esperanza para mi quebranto.

 

Tu amor había llegado hasta mis huesos,

Como aquel árbol de raíz profunda.

Vertí mi presente en un caudal de besos.

 

 

SE CIERNE UN RAYO DE LUNA

PARA LOS DOS

La noche anida en mis ojos, la esperanza

Y la lluvia se refleja en los balcones

Con preludios de sonidos en canciones

Que predicen el amor en venturanza.

 

Hoy la luna nos refleja un porvenir.

Es un bálsamo, un alivio a mi suerte,

Se conturba mi lecho solo al verte

Y beoda mi alma ha vuelto a sonreír.

 

En mi ventana creció la enredadera.

Belígera, osada…   avanza hasta la luna,

Ha regresado a ella, su tierna primavera

 

Y a nuestras almas un cielo, un nuevo sol

Que encerró dos corazones en un amor

Cual sonido del mar en el caracol.

 

 

LA SOLEDAD INQUIETA

PASEA POR MI OÍDO

Mis ojos ya no duermen, ateridos llorando

En torrencial aguacero que agoniza el latido,

Estoy desamparado, en mi certeza rendido.

Te recuerdo en mis gestos, en el espejo cantando.

 

Viaja veloz el viento matando mariposas

Y la soledad inquieta pasea por mi oído,

Me visita en la aurora, en la noche dormido

Con níveo vestido tejido en blancas rosas.

 

Milagrosas tus manos, restañan mi aflicción

Con abrigadas caricias en felpa que me excita

Y en ajetreo nocturno que agita el corazón.

 

Tus ojos dos luceros sesgando el azul cielo,

Tu cuerpo, una mixtura, que a mi alma resucita

Dilatando mis días, mis noches de desvelo.

 

 

AL NORTE DE MI ALEGRÍA

CONSTRUISTE TU NIDO

Entre montañas que dan sombra a mi tristeza

Confiado bebí de los pezones de la aurora,

Esbelta entraste ante el ser que te adora

Con muslos llenos, frondosa de belleza.

 

Reflejaste el azul cielo en las curvas de tus ojos,

De pupilas yertas, con mirar adormecidas.

Te amé en tus resquicios, en tus rosas sonreídas

Con férvidas caricias entre claveles rojos.

 

Eres fresco mosto, de mi existencia el vino

De ígneos besos, de acostumbrada ternura.

Trémulo en su palpitar, mi corazón apura

Como late en la juncia la música en su trino.

 

Al norte de mi alegría construiste tu nido,

Al son de las estrellas danzarinas del cielo.

Iluminaste mi horizonte con hálitos en vuelo

Entre un amor eterno que nunca tendrá olvido.

 

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