MI NOMBRE COMPLETO

Luz Elida Vera

 

Yo soy amor…

Yo soy amor
tu suspiro,
tu silencio,
tus ganas de fingir
continuar en otro cuerpo
yo soy amor,
el aire que echas de menos.

Yo soy amor,
el jardín que florece
cerca a tu pecho
cada vez que se unen la tierra y el cielo
y en el vaivén turbulento del viento
y enredas mi pelo

mi cara
y mi cuerpo
vuelo cual cometa que busca los cielos.

Yo soy amor
tus ganas y tu tiempo;
no te conformes con verme
en un solo pestañeo,
hoy quiero tu saliva
humedeciendo en mi cuerpo.
No finjas que no sientes
la caricia que te ata
más allá de mi fuego.

 

 

Mantis

Me acerqué a ti
entre la espesa niebla,
te besé,
me besaste,
nos besamos,
tu boca reconoció la mía
como si nunca hubiera sido ajena.
Mientras me robaba tu inocencia
degusta la miel de tus labios,
mientras te sudaban las manos
me extasiaba con tu tacto,
mientras te temblaba el cuerpo
me sujetaba como la mantis a su presa.

Terminó el beso, me soltaste,
te solté,
nos soltamos,
y hoy no consigo viajar
en otra piel,
mirada
ese es el pago de tu inocencia.

 

 

Síndrome de hielo

Deslízate por mi espalda

 y finjamos que olvido,

tócame despacio

y simulemos que aún vivo,

que ya no existo sola

que estás aquí y allá

donde tus manos

son más que un viejo desván.

Dibújame tu espacio

 en cada curva de mi cuerpo,

para que cuando te marches

 sepas el camino de regreso,

así, esperarte ya no será un viaje,

será un encuentro con lo bello.

Bésame despacio

hasta que se acabe tu aliento,

toma de mí

la caricia,

el color

y el añejo,

llévame junto a ti

como se lleva el latido del pecho.

Mírame aquí, en este espacio,

y siénteme,

ya no soy tu pequeño síndrome de hielo,

ya no eres mi fantasma muerto,

somos tú y yo

más allá de un simple encuentro.

 

 

Noche


Porque tu noche
fue también mi noche,
qué noche
esta noche que es hoy

 

 

Mi nombre completo

Despertar junto a ti,
así como en mis sueños,
extasiada,
entre abrazos completos,
en un alquiler de tu aliento,
en un cansancio ajeno,
bosquejos de un sutil frenesí
que tus labios abrieron.

Sé que tu primer suspiro
se posa en mi pecho,
y jugamos a amarnos
aunque termine pronto el fuego,
qué importa que la ceniza
me consuma por dentro,
prefiero este incendio
y no congelarme de nuevo.
Sé que tu espalda es mi almohada,
sutil piel terciopelo,
suave y dibujada,
abandonada por mi ausencia
y tatuada por mis finos anzuelos.
Sé que aún tu cansancio es mío
y que se escapa por tu aliento,
cuando jadeas confundido
mi nombre completo.

Sé que me extrañas en tus
sábanas para recibir la mañana,
te gusta tanto como a mí
quedarte en la cama,
una cama dulce y tibia
que se apaga en la nada.
Te gusta tanto como a mí
despertar en la mañana.

 

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