SESENTA SEGUNDOS

Frai Sabournin Osorio

 

Fácil… se fue

Fácil llegó.

Sutilmente se coló en mi vida.

Transformó mi forma de ver y afrontar la realidad.

Comencé a valorar mucho más mis logros y mi capacidad para llegar tan lejos como quisiera.

Fácil nació el sentimiento.

Sutilmente me convertí en una persona más alegre.

Transformó mi aparente soledad en deseos constantes de estar acompañado.

Comencé a disfrutar el contar con alguien en quien depositar mi confianza.

Fácil, me despojé de los malos augurios.

Sutilmente me fortaleció, aprendí incluso a decir que no ¡toda una hazaña!

Transformó mi férreo ateísmo en la bondad en… algo más humano.

Comencé a dar más importancia a los sentimientos y dejarlos fluir en todo lo que hacía.

Fácil llegó.

Sutilmente, me convertí en una persona más alegre.

Transformó mi férreo ateísmo en la bondad en… algo más humano.

La vida me cambió.

Fácil, nació el sentimiento.

Sutilmente me fortaleció, aprendí incluso a decir que no.

Transformó mi aparente soledad en deseos constantes de estar acompañado.

La vida me cambió.

Sutilmente, se coló en mi vida.

Fácil, me despoje de los malos augurios.

Comencé a valorar mucho más mis logros.

Transformó mi forma de ver y afrontar la realidad.

Comencé a disfrutar el contar con alguien.

Comencé a dar más importancia a los sentimientos.

La vida me cambió.

Fácil llegó.

La vida me cambió.

Y se fue.

Lentamente, desde el inicio, se preparaba para irse.

Me cambió la vida, y sin más, se fue.

Fácil, se fue.

 

 

Optimismo

¿Si tanto duele por qué someterse de nuevo?

Es que somos masoquistas o el exceso de optimismo nos nubla la razón.

Al final, no basta el tiempo de felicidad para soportar el derrumbe.

Nos vamos cuesta abajo, de cara, al piso, estrepitosamente.

Uff, moretones, lágrimas, incertidumbre, soledad, decepción.

Todo, cuerpo, alma, pensamientos, hasta la mirada arrugada y húmeda.

Sobran los medios para hacer entender que no te subirás nuevamente a semejante ola de destrucción.

Y…

¿Cuánto tiempo después?

Te veo, estas tarareando una canción recién inventada.

¡Andas descalza!

Tus pies no tocan el suelo.

Surfeas en espumosas olas blancas a orillas de un resplandeciente océano.

¿No te acuerdas?

¿Cuánto tiempo ha pasado?

Ahora no duele, es medicinal, rejuvenece, inspira.

¿Lo intentarás de nuevo verdad?

 

 

Encrucijada

Siento una profunda combinación entre amor y tristeza que al fervor de una conversación calurosa no sé cómo descifrar.

A pesar de haber crecido y cambiado mucho, frente a ti siempre tengo la sensación de estar haciendo mal las cosas, de que nunca termino de cuadrar a lo que necesitas.

Te quiero tanto que te extraño hasta cuando cierro mis ojos para dormir y no te sueño; pero tenerte cerca duele, me acongoja, me empequeñece.

Me alegra estar solo sabiendo que estas en algún lugar siempre para mí.

Me marchito solo de ver en tu rostro una pequeña seña de inconformidad, de “te quiero, pero aún te falta”, de “no es suficiente lo que has hecho, por qué te detienes”.

Tu eres mi vida, y no provocas en mi la alegría que cualquier otra persona armada con un chiste de mal gusto puede desatar.

¿Qué dicotomía tienen mi corazón y mi cerebro que no consiguen descifrar mi respuesta a tu cariño?

¿Cómo logras que se peleen entre sí mis sentidos?

 

 

Miradas

Hoy, de a poco, me adentré en la excitante lucha de las miradas,

esas miradas sedicentes y cautivadoras,

esas que te dan deseos de lanzarte a la más improvisada de las aventuras.

 

De esas miradas que te mueven a buscar una puerta, aunque sea pequeña hacia un futuro romance.

 

Miradas intrigantes,

miradas cariñosas,

miradas penetrantes y solidas;

miradas que hablan por sí solas;

acarician telepáticamente.

 

Susurran y hacen notar su necesidad de ser comprendidas de la forma correcta.

Miradas que más que miradas, son besos y abrazos.

 

 

Sesenta segundos

La vi acercarse, y sin conocerla de nada me inventé una vida de ensueño a su lado.

¡Adelante, esta sí!

Tiene todo para hacer que a tu alegría la vista un torrente de lágrimas de esas que llegan sin sentido cuando reímos en serio.

Pasó por delante de mí y aunque su imagen era impactante, solo atiné a alzar la mano en gesto de saludo,

en un instante llovieron argumentos positivos con razones negativas y el optimismo se me tornó oscuro.

Se quedó a mi lado sesenta segundos que parecieron días, meses, años.

En solo sesenta segundos creí conocerla más que a nadie.

Bastaron sesenta segundos, solo sesenta, para que los hoyuelos que dibujaban su sonrisa quedaran como marca imborrable en mi memoria.

No hizo falta más para percibir que si por equivocación al menos me rozara con esas hermosas y sencillas manos, quedaría prendido eternamente a su lado.

Fue a propósito, pasó por mi lado y sin quitarse prenda alguna se desnudó ante mis ojos, me hizo enmudecer.

Ella tampoco pronunció palabras, pero con una mueca de esos ojos negros, dejó bien claro que, si no escucha mis argumentos, seguirá su camino y no la veré nunca más.

Segundo sesenta y uno.

Estoy triste, desolado.

Mi vida acaba de pasar delante de mis ojos, y, en sesenta segundos

La perdí.

 

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4 comentarios en «Sesenta segundos»

  1. Frai 60 segundos son más que suficiente para que la mente guarde una fotografía de una bella sonrisa y para que el corazón palpite a mil cuando su mirada se cruce con la nuestra…

    1. Muchísimas gracias. Me place sobre manera su apreciación. Hay tantos momentos así de fugaces que desaprovechamos que luego gastamos mas de sesenta recordando y queriendo recuperar.

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