ESCRIBIR… DIVINA OPORTUNIDAD

Nidia Cavadía Martínez

He escuchado decir que escribir es un oficio, pero para los días actuales los oficios se suelen aprender en los centros de estudios, llámense escuelas técnicas o universidades. Otros, generalmente los manuales, se aprenden así no más, viendo y haciendo.

¿Y escribir también es un oficio? Entonces un interesado en ejercer el oficio de escritor, optaría por buscar entre las largas listas de programas y especializaciones, postgrados y diplomados y seguro que termina desilusionado y sorprendido al no encontrar centro de estudio que ofrezca el título y el aval para desempeñar el oficio de escritor.

¿Será entonces que para ser escritor se nace? ¿El escritor se hace? El escritor nunca nace. Tampoco llega a la vida predestinado a parir letras en orden que sumen volúmenes inmensos.

El escritor se hace y lo es, en el transcurrir de la vida misma, en el ejercitar continuo de la escritura y la composición, desde el nacimiento hasta la muerte. En escribir y sin pena destruir y reescribir, en luchar a cada instante por dar a saborear la exquisitez de la palabra alcanzando la grandeza de ser comunicador. El escritor se hace y lo es, en la confrontación de los conceptos, del debate, de la lectura analítica, de la preparación continua en una o más ramas del saber.

Segura de todo lo dicho, quiero compartir con mis compañeros docentes lectores una reflexión. Estoy convencida que el docente por esa divina oportunidad que tiene de estar cerca de las letras, es quien debe cultivar el acto de escribir, ya que es una oportunidad que dan las letras para deleitar la vida. El hecho de escribir es la forma de dejar sentado y con sello indeleble una visión de la realidad, de entregar para la posteridad el fruto del análisis, es la oportunidad para realizar enseñanza, es ventaja que permite ir más allá del paso del tiempo; es como dijo David Sánchez Juliao: “…no permitir que la muerte tenga la última palabra…”.

Escribir no es un oficio, es un don, una actividad que se logra garrapateando frases hasta que adquieren la forma. El escritor se va moldeando en un proceso continuo sin cruzar metas y sin alcanzar una certificación o un título.

Tal vez, todos tengamos vena para escribir, pero el reto es hacerlo, es iniciar. Dulce es la actividad de escribir y sin duda, en la docencia, es el instante propicio para que tanto docentes y alumnos pongamos en práctica el acto gratificante de cifrar nuestros pensamientos y sentimientos; escribir es una maravillosa oportunidad para respirar, para vivir.

Aprovechemos esa divina oportunidad docente que Dios nos ha dado y escribamos.

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7 comentarios en «Escribir… Divina oportunidad»

  1. Mi apreciada maestra, muy bien explicado su lección de hoy sobre escribir, ese bonito don que nos permite comunicar mente y alma y que, a su vez nos conecta con otras personas aun sin conocerlas, pero que a través de las letras vamos forjando lazos de afinidad…
    Gracias por este valioso escrito

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