PARADOJA DE AMOR

Nidia Cavadía Martínez

Cuando Phillips colocó los pies en el muelle de Riohacha, sintió el calor agobiante de la región, miró su reloj y pronunció en voz alta: ¡15 de marzo! Rebuscó con su mirada a todos lados alguien que le indicara en dónde podía encontrar un hospedaje. 

Ese fue el día que llegó a La Guajira Phillips Watson, antropólogo de la Universidad de Cambridge para realizar una investigación sobre la cultura Wayúu; era la primera vez que pisaba esas tierras, nunca imaginó lo que le deparaba el destino. Su misión se llevaría a cabo en la ranchería de Marañamana, situada al norte del departamento.

De pronto, divisó la figura de un hombre, se dirigió hacia él y le preguntó por un alojamiento. Era Aminto, el hijo de la india Eusebia y el negro José; el mestizo lo llevó a la casa de las profesoras que trabajaban en la capital, fue el primer lugar que se le ocurrió porque eran sus maestras y las consideraba indicadas para recibir al extranjero. Una vez instalado, les pidió información acerca de cómo llegar a la ranchería Marañamana, ellos le facilitaron lo requerido.

A la mañana siguiente, Phillips salió muy temprano con cuatro jumentos cargados de provisiones y en compañía de Aminto quien se había brindado como guía ya que conocía bien la región. A medida que avanzaban, Phillips se maravillaba del exótico paisaje, sus cactus florecidos primando las flores rojas, los cañahuates vestidos de amarillo formando una alfombra, abundancia de trupillos alrededor del camino, el fuerte viento arrastraba granos de arena que golpeaban su rostro sudoroso y enrojecido por el inclemente sol.

Phillips solo pensaba en su proyecto de investigación con la poca información que tenía. Imaginaba a los Wayúu como una cultura atrasada, de escasa organización social, con poca educación, nada amigables y hasta violentos. Por esto temía llegar hasta ellos, sin embargo, su tarea se lo exigía y era la razón para continuar.

Al anochecer, cansado, hambriento, divisó las primeras enramadas. Aminto se le adelantó a Phillips, arribando a la vivienda del cacique Genaro Epiayú y lo puso al tanto de la presencia del extranjero a quien no le agradó la noticia. Como auténtico wayúu, era desconfiado, presentía que traería desgracias a la tribu. Muy a su pesar, terminó por aceptar la visita. Ya había oscurecido, lo invitó a seguir y le brindó una totuma de chicha, la cual Phillips recibió sin reparo para calmar la resequedad de su garganta.

En su primera mañana, el extranjero fue despertado por los rayos del sol que llegaron a través de las hendijas hasta su chinchorro; se levantó y su primer deseo fue explorar el lugar al cual había llegado. Cuando se dispuso a salir escuchó una voz de mujer que lo hizo vibrar e inmediatamente dirigió su mirada para encontrar su procedencia.

—Papá, ¿ya puedo servir el desayuno? —preguntó Zulima.

El cacique invitó a desayunar a los visitantes, inmediatamente apareció la princesa Zulima con los alimentos, mujer hermosa, de cabellos lacios, largos y negros, ojos grandes y expresivos, con un porte elegante y altivo, vestida con una típica manta azul y su cuello adornado con lindos collares, joyas propias de las mujeres wayúu, tendría quizás unos dieciocho años. Phillips la observó ensimismado, quedando impresionado con tanta belleza.

Para Zulima, no fue indiferente aquel hombre, pues nunca la habían mirado así; lo saludó con una sonrisa que fue correspondida. Desde aquel día se encendió entre ellos la llama del amor. Para el cacique no pasó desapercibida la mutua aceptación entre Phillips y Zulima.

El investigador tan pronto terminó su desayuno, salió con Aminto a conocer el lugar; en ese recorrido, el guía le comentó la vida de todos los habitantes de la ranchería, le habló de sus costumbres y de su cultura; Phillips, sorprendido de la organización social, económica y cultural de la casta Wayúu, comprendió que sus reflexiones al respecto eran erradas, pero se quedó pensando en aquella tradición de la dote hasta que la desechó.

Después de tres meses de convivir en la ranchería, Phillips y Zulima entablaron una relación muy estrecha, él descubrió que se había enamorado de la princesa Zulima y supo que a ella no le era indiferente. Una tarde, al regresar a la casa encontró una sorpresa, un hombre diferente a la etnia wayúu, a quien los indígenas llaman alijuna, conversaba con el cacique; era Lorenzo Solano, hombre adinerado interesado en pagar una dote por Zulima para hacerla su esposa.

Phillips, al enterarse de las intenciones de Lorenzo, sintió rabia y celos. En su cabeza no puede comprender cómo el cacique quería vender a su propia hija por interés económico, fue entonces cuando vino a su mente el pensamiento, aquel al que no diera mayor importancia por no comprenderlo cuando Aminto le habló de las costumbres indígenas. Sintió como si un balde de agua fría cayera sobre su cuerpo: perdería a la mujer amada, así, el sufrimiento comenzó a carcomerle el corazón. Desesperado trató de convencer al cacique del error que estaba a punto de cometer. Desde la concepción de sus verdaderos sentimientos le confiesa el amor que sentía por Zulima, quizás, esperando que aprobara la relación sincera ofrecida a su hija.

El cacique reaccionó violentamente al conocer los sentimientos de Phillips, lejos estaba de cambiar una costumbre tan arraigada por las palabrerías de un visitante, decidiendo aceptar la pretensión de Lorenzo, antes que consentir y aprobar un noviazgo entre su hija y el extranjero. Inmediatamente mandó llamar al alijuna para pactar la dote. Phillips desesperado toma una decisión: marcharse para siempre de ese lugar.

Esa misma noche, Phillips comunicó al cacique que al día siguiente abandonaría el lugar sin haber culminado su objetivo. Con la cooperación de Aminto preparó su equipaje.

Zulima angustiada por su partida le confesó su amor y le revela que debe acatar las disposiciones de su padre ya que es una ley de su etnia, prometiéndole que, a pesar de tener que vivir con Lorenzo Solano, ella lo amará toda la vida. Con lágrimas en sus ojos le dice en lengua wayuunaiki: “Aishtapura pya, Phillips”, cuyo significado es: “te quiero mucho”. Era su adiós para siempre. Sabiendo esto, Phillips se llena de coraje, su amor tiene una esperanza y algo habría que hacer. Decide robarse a Zulima y planea con Aminto llevársela esa misma noche, puesto que al día siguiente Lorenzo iría por ella.

Cerca de la media noche, Phillips y Aminto se dispusieron a cumplir su plan, muy sigilosamente llegaron hasta el chinchorro donde dormía Zulima. Antes de amordazarla le aplicaron una sustancia sedante sin su asentimiento y la sacaron de la choza evitando hacer el menor ruido posible; la montaron en uno de los cuatro animales de carga y emprendieron la fuga hacia la ciudad de Riohacha.

Anochecía cuando llegaron al muelle, vieron que un barco con bandera americana se disponía a partir al mismo puerto de donde una vez zarpó. Se embarcaron inmediatamente, Aminto le pidió a Phillips que lo llevara con ellos, pues teme a la venganza del cacique, siendo esta la única alternativa de sobrevivir.

Detrás de esta fuga, quedaba una familia wayúu llena de odio, dolor y deseos de venganza. Ya en alta mar, un barco llevaba a los protagonistas de la historia de una paradoja de amor que le permitió al antropólogo escribir en su corazón aquella investigación que lo llevó a La Guajira y, a la princesa Zulima, conocer el amor.

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20 comentarios en «Paradoja de amor»

    1. Ana Esther Riaño Herrera

      Aún en pleno siglo de grandes transformaciones de la historia, existe un pueblo cuyas costumbres se mantienen vigentes, no queriendo desprenderse de ellas. En este cuento, nuestra escritora toca un interesante tema sobre la mujer indígena a quien sus sentimientos no son tenidos en cuenta, siendo vendidos a un mejor postor.
      Doy un fuerte aplauso para Nidia Cavadía a quien Dios le dio el privilegio de plasmar con gran sutileza, letras que son convertidas en deleites para nuestros ojos e imaginación.

      1. Continuó dándole las gracias a todos los que dispusieron un tiempo para leer mi cuento. Pero sobre todo, lo valoro mucho porque me ayuda a continuar este camino que nos apasiona.

        1. pedro cavadia.
          excelente comienzo, pero quedé preñao, porque no pude saber que fue de esa relación por allá en otras tierras. esa es la idea, preocupar , despertar la mente del lector.

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