NO CONOCES EL CAMINO

Anita Piscazzi

 

Aquí estás

Aquí estás con tu rostro hecho de aria

nos quedamos un rato

aunque sigues siendo ligera

 

será suficiente la nieve, una hoja de pasto, la casa

donde el vacío se estrella y todo se parece

 

Pero tú lo sabes

 

te vas sin forma, en el tiempo, en el agua

echas raíces en el viento

 

Ahora tienes tus manos en el sonido

donde nunca fuiste

 

en un día para siempre

no mires atrás, sonríe

como yo te he visto en la portada.

 

 

Detiene las alas

Detiene las alas

vuélveme detrás

hazte noche en los círculos de agua,

 

en tu silencio desde lo alto

sólo una grieta, poca luz

tu cometa.

 

La flor más linda has recogido

en la tormenta nuestros inviernos

 

qué saben los demás

 

el aliento retrasa y en los espacios grandes

te has hecho pequeña

sueño niño del nunca.

 

Detiene tus alas

 

seremos nieve, estaremos donde

a través del tiempo tu visión.

 

 

No conozco el camino

No conozco el camino sino la luz

que golpea cuando me miras

La medida del tiempo es ir y quedarse.

 

Algo se ha perdido

 

la felicidad

la lección del mar

la voz de quien he amado

el «llámame cuando termines»

 

pero todo nos da el universo

sabe encontrarnos después de mil años

allí donde nos perdimos y nos amamos

 

saber que en algún sitio

las flores tienen pétalos en el viento

 

por eso no sé pararme

bajo la sombra octogonal del monte

 

amor que me da aliento en su magnitud

amor que no sé decir tú vales

 

entrégame en tus manos

y te llevaré donde todo es poco.

 

 

Io non ero ancora nel tuo nome,

un passero viene a trovarmi.

 

Ogni mattina dai rami mi guarda.

 

Quell’attimo è antico, quel passero

mi fissa nel cuore.

 

L’occhio mio non vede che l’eterno.


 

Per privarmi di me stessa e degli altri,

ho alzato le vele alla primavera,

 

ho seguito il cespo dei muschi

perché sotto le scarpe

si attaccasse la polvere della mia terra,

 

per ricordarla quando gli altri non mi riconoscono.

 

Sono fuscello che vola, mendicante di anfore eterne,

ad ogni alba prego che l’acqua sia fresca

che l’essere mio più fonte non veda.


 

Tutto ebbe inizio con la spoliazione

                                              della pelle

scrostata dal sacro assioma,

 

sottile scollarsi di un’altra me.

 

Amai quella velina occupata a venir fuori

dal cratere, senza principio,

 

immune dai miracoli e dai dogmi.

 

Il petto degli altri è un lupo.

 

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3 comentarios en «No conoces el camino»

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