LA INQUISIDORA DE LAS LETRAS

Aaron Parodi Quiroga

Abandonada y desprestigiada quedó Magola Censura, después de evidenciarse la verdadera razón de su descarnada crítica a los escritores ajenos a su círculo afectivo. Se maldice mil veces haber destruido inmisericordemente grandes talentos: escritores dedicados y verdaderas obras de la literatura, que, por su perspicaz elocución, hacía dudar a los ilustres miembros de la Academia de la Lengua. Casi ciega, navega en un mar insondable de pensamientos inquisidores. Permanece en la penumbra de su miserable vida esperando a la muerte para cesar definitivamente su interminable dolor, el mismo asestado descarnadamente en los manuscritos de quienes osaban pedir su dictamen.

Desde muy pequeña demostró gran habilidad en el manejo del idioma, eso la hizo famosa en toda la región al recitar de memoria algunos versos que logró encontrar en la vieja cómoda de su abuela Vicenta. Eran escritos a mano con caligrafía exquisita, dedicados a su amor imposible: Josué. Los manuscritos polvorientos eran prolijos en rima, métrica rigurosa y develaba su trastorno al amar a un hombre ajeno. Magola aprendió cada letra, cada estrofa, diluyéndose en un sentimiento de nostalgia al imaginarse la tristeza de su abuela. Así que, decidió devorarlos hasta la saciedad y sin darse cuenta, ya se había aprendido más de cincuenta poemas.   

Su fama fue creciendo y rápidamente fue invitada a dictar conferencias, talleres y entrevistas en las emisoras de los pueblos. Era toda una sensación. Su pequeño tamaño, contrastaba con la procacidad de su lenguaje encantador, al verla transformarse y vomitar miles de palabras inentendibles para la mayoría. Cuando un periodista le preguntó cuál era origen de tanta inspiración, ella se quedó absorta, no había planificado respuesta alguna y ya era tarde para retroceder; pálida y con la quijada desencajada, alzó la vista, agarró fuertemente el micrófono y dijo que esos escritos estaban dedicados a un chico, pero él nunca le correspondió. 

La mentira la sostuvo mucho tiempo y escritores de la zona comenzaron a solicitarle la revisión de sus trabajos para que emitiera un concepto a fin de mejorar su pluma o enviar a imprimir sin errores. Magola nunca revisó alguno y se fueron acumulando en el escritorio miles de papeles. Sin tener el suficiente criterio acerca de la corrección de estilo, solo atinaba a decir su habitual sarta de mentiras sobre el escrito y sus múltiples errores, siendo mejor construir uno nuevo. Algunos jóvenes que se arriesgaron a enviar sus textos, terminaron ahorcados en sus cuartos al recibir de Magola la noticia de lo inservible de sus esfuerzos para hacer parte de del selecto grupo de literatos.

Su crítica se volvió aguda, iba acuñando términos nuevos para referirse a las fallas inexistentes y desdeñando sin piedad el trabajo de miles de personas que deseaban ser como ella. Su fama de inquisidora de las letras llegó hasta los oídos de una editorial de la capital, el gerente, entendió rápidamente que ella era la persona indicada para sacarlo de su quiebra económica agobiante.

La contactó, le pagó los viáticos y estando frente a ella, el viejo editor no pudo dejar de sentir algo de desconfianza, azuzada por años de experiencia en el ramo. Le propuso como requisito único para ingresar a su equipo de trabajo, escribirle en ese instante un pequeño poema describiendo la sensación de estar en la capital; le pasó un lápiz y una hoja en blanco. Como era de esperarse, el rostro de Magola se colocó de todos los colores, temblaba descontroladamente y el sudor comenzó a empaparle todo su cuerpo. Sacó miles de excusas para no hacer lo solicitado en ese momento, no obstante, la insistencia del gerente y la posible cancelación de sus viáticos de regreso, la forzaron a aceptar. Luego de una hora de espera, Magola se sintió perdida, había sido descubierta; no tuvo más opciones: contar toda la verdad.

Con la sartén por el mango, le propuso a la mentirosa escritora trabajar para él. Todas las obras publicadas en su editorial serían conceptuadas favorablemente y ella solo colocaría su firma al final de cada sentencia. Recibiría buena remuneración; además, desprestigiaría a escritores de la competencia.

Las ventas de esa organización subieron ostensiblemente y Magola era homenajeada en cuanto encuentro cultural se realizaba en el país. Pero la mentira le fue carcomiendo la conciencia; se fue secando, tanto del alma como del cuerpo. Ya no tenía el brillo de antes y su sonrisa se fue apagando; no encontraba sosiego en su rimbombante triunfo. En conferencias y en las diferentes ferias de libros, daba temor su presencia, tanto por su fisonomía como por los mordaces comentarios emitidos.

Trató de escribir para liberarse del viejo editor, pero no lo hacía como su abuela Vicenta; era imposible por: la riqueza de vocabulario, figuras literarias y, sobre todo, la pasión que le imprimió a cada palabra. Magola estaba condenada a trabajar eternamente para el despiadado capitalista de las letras.

En la conferencia de prensa, luego de que la editorial lanzara un libro de poemas de una joven escritora, un periodista le preguntó:

—¿Cómo hace para dormir cada noche después de cercenar los sueños de buenos escritores? ¿Por qué se presta a recomendar libros tan banales como este que están lanzando hoy?  Estos versos están vacíos, no merecen el más mínimo comentario.

Visiblemente sorprendida, Magola quiso contestar, pero fue interrumpida por otro periodista.

—¿Por qué no ha vuelto a escribir? Solo se dedica a criticar.

Todos en la sala la miraron, ella permanecía inmóvil en su asiento con la cabeza agachada y sus brazos entrecruzados en su seco abdomen. Sabía que era el momento de decirlo todo, de acabar con esa farsa. Su reconocida fluidez al hablar se tornó en monosílabos inentendibles al momento de dirigirse al público. Luego de tomar un poco de agua y secar sus lágrimas, lo reveló todo. El gerente de la editorial trató, sin éxito, de callarla, pero ya era demasiado tarde.

Mientras contaba cada detalle, sentía desaparecer todo el peso de su conciencia; Magola Censura nunca escribió una sola letra, solo vivió de criticar el trabajo de los demás.

Ha terminado otro día para ella, sigue esperando acabar con su sufrimiento y vergüenza, pero la muerte se niega a llevársela, porque hasta de ella ejerció su crítica escatológica.

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7 comentarios en «La inquisidora de las letras»

  1. Escritor, Magola es la perfecta descripción de la maldad que la sociedad escritora enfrenta. Bien contado. Y nos deja claro que cuando se escribe hay que seguir el corazón. Gracias Aarón por su gran enseñanza.

  2. Luis Alcides Aguilar Pérez

    Interesante relato, me gusta. Por ello es importante creer en lo que hacemos; y a pesar de esperar la crítica de los demás, es bueno retomar y analizar la esencia de lo que creemos está bien.

  3. Con trazos de fina narrativa, se ha logrado plasmar una dura realidad. La de bufones infértiles, que iluminados con dones ajenos, que usurpan y hacen suyos, con hálito de grandeza se sientan en silla de escarnecedores para matar sueños. Gran semblanza compadre.

  4. Desafortunadamente la censura se ha vuelto parte de nuestra esencia. Siempre pensando en qué dirán los demás. Ojalá pudiéramos retomar nuestra fuerza interior y expresar lo que vive en nuestro ser, sin miedo.
    ¡Hermoso trabajo don Aaron! 🌟🌟🌟🌟🌟 Me encanta que nos deleite con su pluma. Gracias ☺️

  5. Una excelente historia muy bien lograda mostrando el espíritu maligno existente que poseen las personas egoístas, robadoras de sueños, que como no descubren su talento no tienen la menor idea de como orientar el emprendimiento en esa área a sus semejantes, ni mucho menos proveer herramientas suficientes para contribuir tendiendole la mano a aquellos seres que hallaron su luz, encontraron su habilidad y están ávidos de emprender el recorrido por lograr que su arte resplandezca. Felicitaciones Sr Director AARÓN PARODI QUIROGA por compartir este mensaje edificador de la conciencia social para cultivar con amor el proyecto de vida personal y por lo tanto ayudar con el suyo a los demás para que todos juntos podamos brillar. 🙏👍👏📓📒📚📘📙✍️🖋️🖊️✏️🤗

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