¡APRENDÍ A DESEARTE!

Frai Sabournin Osorio

Seguí con todo ímpetu e impulso estrepitosamente hacia las dificultades, nada me detuvo, ni el cansancio, ni el punzante dolor de los golpes y decepciones, ni la lluvia o el frío, mucho menos el sol.

Si alguna vez las hubo tampoco las vi, a esas señales que en cierto punto del camino te indican; ve más despacio, esta roca es para sentarse a reflexionar, ese trillo, aunque acorté el trayecto no es conveniente, ponte un ropaje adecuado se acercan condiciones extremas del clima.

Me adueñé de tantos desatinos que ahora camino mirando por encima del hombro a los errores como quien es consciente de poder perder, pero tiene la total certeza de que siempre ganará.

Y aunque por ser como soy nunca te hablé de amor, me envalentono por momentos, confieso que necesito urgentemente un abrazo de esos que duran una eternidad condensada en minutos.

Me estreno una sonrisa de esas que insinúan «ven bésame como si quisieras asfixiar todos mis demonios de una sola vez».

Por primera ocasión dejo que veas y sientas mi tristeza, estoy tan cerca de la imperfección que se notan las ansias de tenerte bien cerca para caer desfallecido en tu ternura, y morirme una, y otra, y otra vez, envenenado por desearte tan locamente que no me reconozco.

Ya no quiero volver al camino, te quiero a ti, conmigo, quiero lanzarme sin frenos hacia tu boca y desbaratar en tu cuerpo mis ganas, para reconstruirlas justo cuando mis sentidos indiquen que voy contra tu ser una vez más.

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2 comentarios en «¡Aprendí a desearte!»

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