LAS COSAS DE MI PAPÁ...

Aaron Parodi Quioga

Mi papá es el hombre más particular que conozco, a sus ochenta y cinco abriles conserva intacta su lucidez y goza de una fuerza admirable. Se levanta muy temprano y prepara café cerrero para la larga jornada de actividades. Tiene la vitalidad de un joven de quince; todo lo ve fácil y una vez que aprende, se fastidia y lo deja tirado.

Trepado en el techo de la casa con el fin de tapar algunas goteras o simplemente acabar con su aburrimiento, movía tejas, golpeaba y maldecía cien mil doscientas treinta y dos veces por algún porrazo propinado en sus dedos. Muchos pasaban y se burlaban de él, pero nadie le decía nada porque conocían su temperamento colérico, solo se reían y seguían su camino.

Equivocadamente, Lázaro, un hombre de unos sesenta años quien camina con bastón debido a una enfermedad articular degenerativa, pensó burlarse de él y salir ganador de ese encuentro de veteranos de la vida. Desde la calle y con la mano sobre la frente para cubrir de los hirientes rayos solares sus ojos, le gritó a todo pulmón:

—¡Oye Jorge, tú estás loco! Bájate de ahí, a tu edad una caída te puede matar.

Mi papá levantó la cabeza y lo miró; tuvo la sensación de verlo más viejo que nunca y como era de esperarse, le contestó:

—¡Lázaro, tú lo que tiene es envidia por no poder hacer lo mismo siendo más joven!

Mi hermana le regaló un computador, ante la insistente amenaza de algunos medios de comunicación de no publicar más sus escritos por estar realizados en su vieja máquina de escribir Brother. Le tocó adaptarse a nuevos conceptos y tecnologías. Mi abnegada madre, cada vez que la llamaba, me daba quejas de las múltiples maldiciones y los certeros golpes propinados al monitor. Sin embargo, en menos de un mes ya pudo utilizar a la perfección el procesador de texto Word. Escribe todos los días y aún le publican sus trabajos. Está convencido del imperio transformador de las letras.     

Mi mamá tiene una paciencia inusitada, pero su queja es constante:

—¡Ese hombre me tiene loca con tanto martilleo! No se queda quieto; se aburre del computador y se va al patio a hacer desastres; después se sienta al piano y dura horas tocando; ya me duele la cabeza. 

Sí, la música clásica; tal vez su sueño incompleto. Sabe que es un imposible, pero espera escuchar antes de irse, a Chopin, Mozart, Liszt, Bach o Vivaldi en horario estelar en la emisora local del pueblo.

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8 comentarios en «Las cosas de mi papá…»

  1. Excelente escrito dedicado a uno de los más grandes artesanos del periodismo guajiro.Dios lo bendiga y le de la vitalidad que lo mantiene como un roble y le mantenga la sabiduría que le ha hecho ganar el respeto de todos sus colegas

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