VIEJO MARAVILLA

Cristina López Chadid

Veinte años conociéndote y nunca llegué a escuchar tu nombre. David, tu hijo con etiqueta de esquizofrenia y retraso mental, también te decía Maravilla, que no sé si tu apellido o pseudónimo serían.

Encorvado, con zapatos rotos, pantalones antiguos y camisas desgastadas y malolientes. De aquel joven gerente y escritor elocuente solo quedaba un viejo pica maleza, albañil y barrendero, el más sabio quizás conocido, el más noble jamás visto. Con sacos al costado y machete en mano enseñaste tu oficio al siempre maltratado y burlado por todos, David.

Aun con ganas de vivir y reír, se te veía cansado y dolorido pidiendo, luego de la jornada bajo 40 grados Celsius, medicina y café a tu mejor amiga, Amira Patrón de Chadid, mi abuela, quien te cuidaba con especial dulzura, pues a su tío fallecido te parecías.

Maravilla, bajo las aceras calientes te sentabas a reposar y a nuestra casa te invitábamos a entrar. Qué especial árbol de mango que tus cálculos e historias aún deben en él resonar.

Cuando mi abuela decidió ir con mi madre a su país de origen, Colombia, supiste que no regresarían jamás. Ella ahora con los estragos del Alzheimer y tú, muerto en medio de tanta pobreza y miseria.

Vivir hasta que tu hijo muriera, deseabas, para llorar su pérdida fatal, pero a cambio de no dejarlo solo sin su padre en este hostil mundo material. Tu cuerpo viejo, deteriorado, desnutrido, entumecido, enfermo y desgastado no soportó el paso de una simple gripe, pero, ¿Cómo ibas a hacerlo?, si dejabas de comer para a tu hijo darle el poco alimento que conseguías, porque sus medicinas el estómago le encendían.

¿Quién dice que solo una madre da tanto por un hijo?, si tú, simple menesteroso octogenario, diste hasta el último bocado para cubrirle así fuera un mínimo porcentaje de su hambre.

David, ahora se encuentra solo en la pequeña cueva donde compartió los días de cansancio, hambre e insomnio al lado de Maravilla.

Mi abuela pregunta por ti, sin saber que tu muerte llegó antes de que olvidara donde te conoció. Tal vez te halles en un mundo blanco, de ser así, intenta escuchar y siente el llanto de tu hijo para que te guíe a su cueva y le toques el corazón, haciéndole percibir que ahora es él quien debe vivir por sí mismo, con el recuerdo de que un día, fueron dos.

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Corrección ortotipográfica: Joel Peñuela

2 comentarios en «Viejo Maravilla»

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