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EL TEMBLOR

Aaron Parodi Quiroga

Con dificultad pudo abrir los ojos, sentía el bip, bip, bip de una máquina taladrándole su cerebro. El dolor en su tórax era indescriptible, respiraba con desespero; hizo un esfuerzo descomunal, pudo distinguir a algunos familiares rodeándola en semicírculo. Quiso levantarse para verificar lo sucedido, pero se encontraba inmóvil, conectada a cables y tubos.

Entendió que estaba en un hospital porque entró un joven médico y saludó a los presentes con sonrisa algo nerviosa, hablaba sobre el procedimiento quirúrgico. El galeno seguía leyendo en silencio unos papeles anexos en la historia clínica; el rostro se le contraía de forma leve, luego levantó la vista para dar las indicaciones finales.

En la oficina, Cecilia tenía cierta angustia apretándole su pecho. En medio del estrés propio de un lunes, pensó en tomarse unas vacaciones. Su trabajo le secó la esperanza y aumentó su abdomen; la cabeza le quería explotar, además un zumbido en su oído izquierdo la acompañaba todos los días. Sabía que, al terminar la jornada laboral esos males desaparecerían, por ello, siguió normalmente.  

Al acercarse la hora de almuerzo empacaba algunas cosas para salir, cuando sintió un gran mareo. Se calmó un momento, intentó ponerse de pies, pero no lo logró. Al borde de un colapso nervioso, comenzó a gritar: ¡Está temblando! ¡Es un temblor! En cuestiones de segundos todo se volvió un caos, algunos, confundidos corrieron, otros trataban de certificar si los objetos se movían.

Desesperada corrió en busca de la puerta, atropelló todo aquello que se le atravesaba, el mundo parecía estar patas arriba. Un fuerte golpe la tiró al piso justo antes de llegar a la calle.

—La cirugía fue un éxito, esperemos a ver cómo evoluciona —informaba el profesional—. Les ruego solo permanecer un familiar en la habitación y no alterar a la paciente.

—Doctor —la mamá intrigada le preguntó—, pero, ¿qué le pasó?

—Mi señora, se hizo la angioplastia para abrirle las arterias coronarias estrechas o bloqueadas, le coloqué un stent para impedir se vuelvan a cerrar.

La fritanga y el alcohol se apoderaron del diminuto cuerpo, tanto que parecía rodar en lugar de caminar. Ella había acumulado sin remordimiento, suficiente colesterol en su corazón para hacerla temblar hasta desfallecer.

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4 comentarios en «El temblor»

  1. Buenos días, déjeme decirle que usted tiene la mejor forma de dar el consejo saludable, hay que leerlo para que se entienda cuanto es el daño del exceso de alcohol y fritangas ¡Felicitaciones!

  2. Comer desordenadamente y el sedentarismo (principalmente) pueden dar origen a varias complicaciones en la salud.
    Sin embargo, pienso:
    ¡Qué rico es comer garnachas y todo lo que lleve vitamina T (tacos, tortas, tamales, tostadas)!
    Vida solo hay una.
    Saludos desde México.

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