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ICEBERG DEL 20 DE ENERO

Nidia Cavadía Martínez

«Vimos cuerpos de niños, mujeres y hombres pisoteados y otros con estacas de madera clavadas en el cuerpo». (Testigo presencial anónimo).

Lo anunció la radio entre la 4:00 y 4:30 p.m. de aquel enero de 1980, y lo repetía una y otra vez: una tragedia ocurría en la plaza de toros Hermógenes Cumplido de Sincelejo en su tradicional Veinte de enero, la fiesta más importante de las corralejas sabaneras. Mi padre pendiente, para no perderse nada de la faena taurina, escuchaba la trasmisión radial.  Caminaba de un lado para otro viendo cómo transcurría el tiempo sin que el “azulejo”, el Jeep de su amigo y compadre, llegara. Habían acordado ver los toros a la capital de Sucre. El compadre le había prometido, antes de salir para Cartagena que regresaría a tiempo para asistir.

—Cuando mi compadre llegue haré el empate — dijo, mientras escuchaba la radio.

En casa escuchamos cuando dieron la nefasta noticia sobre la corraleja. Quedamos perplejos. Esta fiesta es una tradición cultural donde los sabaneros se dan cita cada año para disfrutar de un espectáculo taurino. Es toda una algarabía acompañada de porros y fandangos.

Todo cambió con la trágica noticia: los palcos donde espectadores sucreños, cordobeses y personas de las poblaciones aledañas disfrutaban de la lidia taurina se había venido abajo. Se hablaba de muchos muertos; corrimos hacia la calle principal del pueblo y en ese preciso instante vimos entrando al “azulejo”. Mi padre levantó la mano, el carro se detuvo y mi papá preguntó:

—¿Compadre, como así que se cayeron los palcos y hay muchos muertos?  

Mi madrina, quien venía con él escuchó y expresó:

—¡Nooo…!, acabamos de dejar a mi hermano Jorge con su papá y Marcelino en la plaza… iban para Palco.

Recuerdo aquel día como si fuera ayer. ipso facto por orden de mi madrina el “azulejo” dio media vuelta, y allí iba yo con ella rumbo a Sincelejo nuevamente. Jorge tenía ocho días de haber ido a vivir a Sincelejo. Felicia, su esposa, estaba recién parida. Era fácil imaginar la angustia que experimentaba al saberse sola en casa con su bebé y sin tener noticias de él.

Llegamos a la ciudad de la catástrofe más o menos entre las 5:00 y 5:30 p.m. La casa de Jorge y Felicia quedaba justo al frente de la Plaza de Toros separada por un abismo. Desde lo lejos pude observar la magnitud de la tragedia. Solo hasta ese momento comprendí el panorama: era doloroso, los restos de los palcos en el suelo, los objetos propios de una festividad como las corralejas, regadas por doquier, las sirenas de las ambulancias transportando muertos y heridos al tiempo, incontables cantidades de carros estacionados esperando por sus dueños, gente corriendo por todos lados buscando a sus seres queridos y nosotros también allí, buscábamos a Jorge, a su papá y a Marcelino, quienes no aparecían por ningún lado. Felicia repetía “Jorge dijo que iban a subir Palco para halagar a su papá”.

Sobre las 8:00 p.m. tuvimos noticias de Jorge y Marcelino. Aparecieron en el hospital de Lorica, supongo que por lo saturado de los centros hospitalarios de Sucre fueron a parar a un hospital de Córdoba. Marcelino muy golpeado, pero en pie, Jorge muy mal: no podía moverse y repetía:

—Mi papá está muerto… mi papá está muerto, yo lo saqué de la estaca donde quedó clavado…

Esas imágenes son difíciles de borrar, mucho menos después de que mi madrina regresó a Lorica para darse cuenta del estado de salud de Jorge. Yo me quedé acompañando a mi prima a vivir esos duros momentos. Le tocó sepultar al suegro en un sepelio colectivo como nunca antes presenciado, imaginando el peor estado de salud de Jorge y criando su bebé en una nueva ciudad que no le había dado la mejor de las bienvenidas. Acompañé a Felicia durante varios días mientras escuchaba las tristes historias de familias completas cuyos cuerpos fueron enterrados sin identificación porque nadie los reclamó, niños que quedaron huérfanos sin saber quiénes eran sus padres porque murieron; muchos de ellos fueron tiraron desde los palcos para que los toreros en la plaza los recibieran en sus mantas; alguien lo recogió mientras esperaban que sus padres aparecieran, pero no sucedió.

En fin, el suceso de Jorge, su papá y Marcelino fue apenas uno de los tantos ocurridos aquel día de aquella tragedia. Queda mucha tela que cortar: la verdadera historia nunca fue contada, los medios informaron sobre estadísticas de muertos y heridos, pero la verdadera cifra no se supo; sobre las causas de la caída de los Palcos tampoco. Nunca he leído de las consecuencias emocionales que dejó en las familias afectadas, tampoco sobre las medidas tomadas para sobrellevar y reparar el tejido social para afrontar el trauma emocional.

Después de cuarenta y dos años del suceso me pregunto: ¿Quién y cómo se curaron esas heridas producto de la pérdida de sus seres queridos? ¿Qué pasó con aquellos niños que cambiaron de escenario familiar? ¿Con qué se borrarán esas consecuencias emocionales? ¿A quién culpar? ¿Fueron suficientes las medidas tomadas para amortiguar las consecuencias de esa tragedia?

Son muchas las preguntas que hoy me hago, ya que es imposible echar en el olvido ese día al tiempo que me convenzo de que faltó mucho por hacer. Escribo porque no me quedan dudas que detrás de la tragedia falta mucho por contar. Lo que hemos leído es apenas la punta del iceberg del 20 de enero de 1980.

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Revisón: Joel Peñuela

31 comentarios en «Iceberg del 20 de enero»

  1. Mi querida profesora felicidades porque sigues creciendo en letras, que alegría poder leerte y revivir a través de tus letras a aquel fatal momento donde una vez más de cierta forma nos demuestras la historia que ese tipo de espectáculos que brindan diversión con el derramamiento de sangre de seres vivos traen consecuencias nefastas… pido disculpas a los amantes de esas faenas pero esta practica deberia ser prohibida y penalizar a quienes participan de ella….

  2. Adalberto Camargo Molina

    Esa tragedia vuelta literatura en la mágica pluma de Nidia Cavadia,es realmente conmedora pero esas tradiciones no las deja el pueblo jamás y es entendible

    1. Felicitaciones seño Nidia x ser la persona q es de un corazón tan noble y de luchar x lo que le gusta es crivir recordar lo q algunos han olvidado y usted lo trae al presente con sus escritos no cambie siga en lo q le gusta la admiró x ser una mujer luchadora y querida mis respecto para usted la quiero mucho bendiciones

  3. Ramiro De la espriella

    Como nunca estuve ese día en los palcos, mis padres no gustaban de la fiesta pero me dieron la entrada, fui solo, entre al primer piso en sombra, exactamente frente a los que se cayeron, el susto hizo que me tirara hacia dentro de las corralejas y como todo joven curioso salí hacia el sitio de la tragedia para ver que había pasado, pase por el lado de 3 toros que estaban en la plaza impávidos ante la tragedia y sin embestir a nadie, raudo llegue a mi casa en donde mi madre angustiada me esperaba, no sé cómo lo hice pues al sentarme tenía una pierna inflamada por el golpe al lanzarme desde la altura de las corralejas, días después pude ver la enorme procesión de negros ataúdes al llegar a la puerta del cementerio cercano al sitio en donde se encuentra mi residencia, es bueno recordar a través de tan bello escrito la tragedia de mi pueblo, pero hoy es el segundo día de corralejas en estas tierras luego de 42 años de la tragedia, no aprendemos de las lecciones que nos da la vida, antes de ayer día de las cabalgatas murió en trágico accidente el ingeniero civil constructor y dueño de las corralejas como una premonición, ¿será que si vuelve a ocurrir algo y Dios no lo permita tendremos que culpar nuevamente a Dios?, hace pocos segundos me entero que la Procuradora delegada Tatiana Margarita Oñate Acosta acaba de expedir un comunicado en donde le pide a la primera autoridad municipal que suspenda las corralejas de 2022.

    1. Doctor y escritor Ramiro, usted lo dijo todo, Me faltó esa experiencia suya con los toros impávidos. Gracias por esa frase: «es bueno recordar a través de tan bello escrito la tragedia de mi pueblo». Muy agradecida.

  4. YALEYDIS VILORIA NORIEGA

    Hecho triste que enluto a un pueblo alegre de la costa Caribe colombiana, gracias profe Nidia por recrear este hecho nefasto de una manera literaria como lo he leído en algún comentario, Es un hecho para replantear ciertos festejos como los taurinos que por más que haga parte de costumbres de un pueblo, atentan contra la vida de un animal. Además cuestiona los protocolos de seguridad para las personas que asisten este tipo de eventos. Excelente manera derrcordar un hecho triste e histórico en el país, específicamente Costa Norte colombiana.

  5. Es placentero recordar hechos históricos que marcaron nuestras vidas, a través, de escritos bien hilados y narrados como este. Felicitaciones Nidia Cavadía.

  6. Dailly Carvajal Almentero

    Al leer este escrito queda claro lo que la lectura genera emociones y sensaciones de experiencias propias, pude visualizar la escena, pude sentir el sentimiento de tristeza y dolor que pudieron vivir las diferentes familias, en una fiesta que debería generar felicidad pero que inversamente se convirtió en un escenario de dolor y de duelo municipal, departamental y nacional. Felicidades profesora Nidia por este escrito que me pudo llevar hasta el lugar y crear un noción de lo acontecido ese fatídico 20 de Enero.

  7. ¡Vaya evento! Que tragedia tan fuerte y la has narrado de una manera excepcional, hermosa Nidia. Desafortunadamente, así pasan terribles eventos que nunca nadie aclara y siempre esperan los responsables, que el tiempo los entierre.

  8. A mí escritora favorita, Nidia Cavadía Martínez felicitaciones, excelente escrito. A Dios gracias por ese talento que le dió, pido al Espíritu Santo que ese amor a la escritura perdure. Esa historia contada por usted revivió esos sentimientos de las personas que estuvieron presentes y a los que perdieron a sus seres queridos . Bendiciones

    1. Mi querida protagonista, usted inspiró mi primer libro y después de eso no he podido parar. Sabe que me gusta escribir sobre lo real, lo vivido. Gracias por su apoyo.

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