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BRÚJULA

Ángela Penagos

 

En la vía

Te asomarás en el aire,

en la humedad de mis ojos

en todo lo que hemos amado.

Aún en el encuentro

porque somos

la misma lluvia.

gravitando suelta

en la ventana.

Tú y yo en la vía

de la sangre,

en el reconocimiento

de la dicha,

en el botón abierto

al día.

Sabré de ti

no por tus pasos

sino por la vibración

 de la casa.

Atrás la luz.

La noche se anuncia

en la certeza de la mañana.

El café estará servido

aromará

tu regreso.

 

 

Intimidad

Cuando los amados se reúnen

en su danza

balancean las horas,

voltean las cartas

al eclipse del juego.

 

Migran

como mariposas

en la galería de nueve lunas,

en el velamen

seguro

de la espuma.

 

Esplendente desnudez

de las colinas,

los labios húmedos

ungen las orillas

de la entrega.

 

 

Dadora de fuego

Me entregué complacida

al vaivén de tu océano,

sentí el grito del alcaraván

en el mar de besos

y en el plácido vino

de la noche.

 

Ungida

en los pliegues

santiguados

de mi orquídea,

botón abierto al día.

 

Soy dadora

resplandecida

¡Sí!

Cuando rebosas

la gloria delirante.

 

Ungüento de sol

colgado

en la ternura

de las horas.

 

 

Brújula

En la noche

—arenal de misterio—

a brújula apunta

hacia el oeste

de la nostalgia.

 

Intento hallarte

en cualquier madrugada,

en la esquina invisible

de los días,

y en las últimas

pisadas.

 

Responde amor,

como lo hace el campanario

al regocijo del encuentro.

 

Tal vez te apiades

si una canoa salva

la ola

y regresas ansioso

en el sonido justo

de las mareas.

 

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1 comentario en «Brújula»

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