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PLEGARIA A LA DIOSA DEL VERBO

Ángela Penagos Londoño

 

Sonido de palabras

Las palabras tienen ritmo.
Empujan su gloria.
Nos miran de frente
en el poema
que desnuda la tarde.

Las consonantes
se abren como flores,
brillan en la idea,
se vuelven figuras
de tinta negra
entre los dedos.

Su creación se prodiga
en el sonido
con rumores
que nadie escucha
hasta que brota,
se alza
y evapora
en su propio afán.

 

 

Papiros y cálamos

Convoco sobre los viejos astros
el asimétrico orden
de la sabiduría
contenida en el centro de los libros,
en la hondura de las estrellas,
en la jornada de los grillos.

Biblioteca de Alejandría:
Regocijo de papiros y cálamos
en la aplicada escritura
que invoca la luz.

Te nombro
en la circunferencia
de la tierra
y en la comunión
de las musas:
vaso de ofrenda
liberando la belleza
que muere
al final del día.

 

 

Plegaria a la diosa del verbo

¡Oh ! Diosa nuestra
de todos los días,
sé este viernes de mayo,
el eco primitivo
del sonido.

Regresa del vacío,
escríbeme
en las paredes antiguas,
léeme como punto
o sustantivo.

Líbrame
de la soledad
de no saber deletrear
el símbolo
y sus alfas.

Envuélveme
en el sagrado abecedario
que soy.

Circúndame
de palabras bonitas
en el brillo del silencio.

 

Poemas contenidos en el libro La dios del verbo, publicado en agosto 2021 por la Editorial Papel y Lápiz. Disponible en Amazon y la Tienda de Papel y Lápiz

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3 comentarios en «Plegaria a la diosa del verbo»

  1. Ángela, nombre meritorio te pusieron tus padres!

    Te leo y me asombra hondamente tu escritura, su mensaje, tu estilo, la intensidad de tus versos y la belleza estilística! No podría estar más de acuerdo con Patricia Oropeza al calificar tu poesía de exquisita!

    «Sonido de palabras», no describes una gestación ni siquiera nacimiento sino la idiosincrasia eón, la pluralidad de lo que son las palabras, seres vivos que «Nos miran de frente en el poema que desnuda la tarde.» Palabras formadas por células de propia vida, vocales que nos cantan el ritmo y consonantes que «se abren como flores,/brillan en la idea,/se vuelven figuras/de tinta negra/ entre los dedos.» (sigo maravillada con este poema y sus versos que ya he releído varias veces). Palabras formadas en el maridaje entre vocales y consonantes capaces de crear ritmos, sonidos, rumores tan efímeros «que nadie escucha/ hasta que brota,/se alza/y evapora/en su propio afán» y a la vez inmortales porque «empujan su gloria.»

    «Papiros y cálamos» si ya me dejaste fascinada con el primer poema, con este, una historia sobre la gestación de la escritura revelada en un conjuro que invoca la luz, un conjuro mágico e hipnótico por la belleza pero también certeza y conocimientos que traslucen tus versos, ni te cuento, no me atrevo siquiera a usar las palabras ante tu escritura.
    «Convoco sobre los viejos astros/el asimétrico orden/de la sabiduría/contenida en el centro de los libros,/en la hondura de las estrellas,/en la jornada de los grillos.» qué forma más escueta y más certera de transmitir ideas tan infinitamente bellas y profundas!! Y de la cuna intangible, primaria, eterna, nos llevas a la cuna física sempiterna, la Biblioteca de Alejandría, al papiro y al cálamo para aseverar que ésta, la escritura, la poesía es «el vaso de ofrenda de las musas». Las musas que por efímeras que sean, llenan de belleza la circunferencia entera de la Tierra.

    «Plegaria a la diosa del verbo», otro poema más extraordinariamente hermoso!! Aunque he de disentir contigo, llevas la diosa del verbo en cada verso que escribes, no te ha privado en nada. Nos has dejado la oración con que la hemos de invocar los que sí somos un «eco primitivo del sonido», que seguimos siendo un punto pero soñamos ser leídos como un «sustantivo» (es de las más bellas y poderosas metáforas que he leído en mi vida, ser un sustantivo poético, un ente real, independiente, único y esencial…una quimera cuando se sigue siendo un punto, una señal visible solo en su superficie y que destaca por su nimiedad).

    «Líbrame/de la soledad/de no saber deletrear/el símbolo/y sus alfas.» Ojalá nos libre a todos de tal oscuridad y nos circunde «de palabras bonitas/ en el brillo del silencio.» en mismo silencio en que podamos comulgar con la copa de las musas.

    ¡Mi más sincera admiración, Ángela!

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