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ADULACIÓN

Raed Anis Al-Jishi

 

La timidez del odio

¿Por qué habría de elegirte como enemigo?

No te he contemplado,

¿por qué debería envidiarte

mientras mi lengua no recuerda tu nombre?

 

No te amo,

porque no pensé en odiarte.

No te odio,

porque no te veo.

 

El odio, como la timidez, es un reflejo temporal   

por la esencia del destino.

 

El reflejo es un instinto para el ser humano;

evitarlo también es un reflejo,

que podría confundirse con un pulso sólido,

un pulso escudado en el fluir,

como río que no contempla

piedras estables para ignorarlas.

Es el flujo incondicional,

un flujo inspirado desde el interior.

 

 

El espejo de la partera

Mira más allá del espejo y encontrarás amor puro.

Mira el cuerpo del espejo y encontrarás una compañía segura.

Mira la plata del espejo

y encontrarás a los familiares,

pendientes con la toalla.

 

El brillo se hace a sí mismo

un comisario de limpieza no remunerado

cuando te ocupas de tu lenguaje,

como jugador de fútbol profesional

en un patio carente de césped,  

manteniendo equilibrio en una marcha vacía 

sin ningún haz de sentimientos

 

sonriendo con el brillo.

 

Y sin ningún manojo de sentimientos

obedeces con amabilidad.

 

Y sin ningún fardo de sentimientos amas.

 

 

El espejo sonríe.

Cuando percibes tu sombra sonríes,

mientras ignora

tu antojo en el momento de sonreír.

 

Este espejo se transformará en red informática de correlación

 

con factores de retroalimentación,

sin un dolor de cabeza

o reservando un almacén para la meditación,

la curiosidad o la reacción.

 

El espejo es una compañía segura.

 

Más allá del espejo hay una fase de búsqueda.

 

La búsqueda es una correlación apasionada con la perspectiva.

 

La perspectiva es una amiga formada cual espejo,

no se preocupa por el ángulo de tu reflejo de sombra,

y tu sombra —como sabes— es tu único legado

a la herencia de la crucifixión.  

 

 

Adulación

Estoy pensando

en mi dolor…

nadie lo comparte conmigo.

 

Y sobre mi alegría,

no la comparto con transeúntes

y escapa de mis dedos todo el tiempo.

 

Doy importancia a mi dolor

sin ninguna razón,

porque me pertenece.

 

No puedo sonreír bien

y el viento me anima a saltar

hacia donde no puedo ver.

 

El mosquito

sabe cómo saltar,

cómo burlarse del viento.

 

Cuando da un paso aéreo hacia atrás,

y luego esconde una sonrisa bajo sus alas. 

 

Y como tú, prefiero la refracción

en lugar de ser como un mosquito

o cualquier cosa en su espalda.

 

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1 comentario en «Adulación»

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