TRENES QUE NO VAN A NINGUNA PARTE
Leonardo Petro
Se me pasa todo
Ya somos el olvido que seremos… Jorge Luis Borges
Se me pasa el tiempo cuando estoy contigo,
canela fina.
Se me pasa la vida,
se desvanecen el olvido.
Se me pasa el amor, como un suspiro.
Se me pasa la oportunidad, el tren que no alcancé a tomar.
Se me pasa el dolor cuando me miras,
tus ojos como un bálsamo a mis heridas.
Se me pasa el frío en tus brazos,
calor que hospeda mi alma.
Se me pasa la risa, el llanto, la alegría y la tristeza.
Se me pasa el Sol, la Luna y las estrellas,
se me pasa el cielo y el infierno.
Se me pasa el aroma de las flores,
el sabor de los vinos y las uvas.
El dulce de la miel.
Sí, se me pasa la vida sin darme cuenta,
la esperanza que no pierdo.
Sí, se me pasa el amor, pero no se agota,
alimento, complicidad y pasión.
Me quedan solo las palabras, ese otro lenguaje,
tu piel.
Sí, se me pasa el tiempo, pero el amor perdura,
lazo eterno,
brújula,
hilo invisible que une los instantes.
Se me pasa todo, menos el amor,
contradictorio,
eterno, infinito, indeleble.
fuerza que desafía al tiempo.
El tiempo es efímero,
pero el amor, lazo eterno que perdura
más allá de las horas y los años,
más allá de la destrucción de los tiempos y los mundos.
El tiempo, lazo eterno que nos envuelve,
nos abraza y nos separa.
Río impetuoso que fluye sin cesar,
se lleva todo hasta lo que no vuelve.
Tormenta en el mar.
Libro cerrado. El olvido, lo que fuimos,
lo que no seremos.
Con dos brandis
Ir y venir,
la vida sin maquillaje.
Poco a poco la noche se vuelve impenetrable,
camino la muralla,
escucho el viento silbar besando el agua y,
algún ave que golpea sus alas contra el cristal fundido.
El tintineo de alguna cadena contra las rocas,
olor a pescado,
pasto recién cortado.
Risas de enamorados,
mi alma en pena,
el olor que tiene la vida a veces.
Farolas que alumbran tímidamente,
procuro infierno y purgatorio,
sus manos, el paraíso que me acaricia,
antífonas que cantan las cigarras,
tu nombre,
espada mortal, bálsamo y herida,
agujas, cartas, naipes de muerte.
La lluvia mojándome la cara,
bueno, no es agua, tú sabes y no es que no te quiera.
¿Con qué nombre me llamarás ahora?
¿Con qué lampara iluminaré mi noche?
Mezquindad,
el corazón sin saldo,
días de vidrio.
Si el amor me cuestiona, ¿con qué silencio me recuerdas?
¡Que eternidad!
Es un idioma la ausencia.
¿Es tanto lo que pido?
Yo desde mi soledad no tengo idiomas.
Sé que no es eterna la noche ni el dolor
ni los pasos,
la sombra,
me espera un alma buena,
sueño que acabo de soñar,
alas,
no tardes tanto que ya encendí la hoguera,
y tal vez me encuentres despierto,
quedan pocas aceitunas
y aún tengo dos brandis y el amor intacto.
Cuatro estaciones
Perdí el vuelo,
cansado,
la oscuridad de la noche, herido por el frío,
soledad,
miro tras el vidrio,
la lluvia…
Entre tantos, me pregunto,
¿cuál será mí próximo avión? Dejo,
el recuerdo toca mi cristal en señal de auxilio,
cuatro estaciones.
También llueve dentro de mí.
Egoísmos
Egoísmo mío
¡Mi corazón no le perteneció ni siquiera en sueños!
Hay un muro entre su corazón y su cama
yo entraba en a su juego
ella salía de mi vida
todos los domingos
no era mentira
a pesar de nuestro egoísmo
a veces nos queríamos
nos soportábamos
hasta nos decíamos crueldades bonitas
acompañábamos nuestras soledades
y el amor
cuando ella me dejaba yo la quería
y pensé que era suficiente con quererla.
Egoísmo de ella
Ella nunca me quiso
lo sabía
jugábamos a no comprometer al amor
pero terminé creyéndome el único dueño de su laberinto
como sosteniendo un cenicero
en las mañanas la soledad tocaba mi puerta
la tristeza corría a gotas por el cristal
en las noches el dolor arañaba mis muros
y el frío penetraba mi carne
mis huesos
el alma frotaba mis manos en señal de auxilio
se podía escuchar el silencio
cuando todo estaba perdido cerraba los ojos
y entonces aparecía ella intacta
desnuda y sin espinas.
Egoísmo nuestro
I
Nunca fui su dueño
pero le permití que se creyera
dueña de mi laberinto
no prometí pétalos en la almohada
ni un amor inmortal
ni cuentos de hadas
le prometí frio —indiferencia, soledad—
sin embargo, deambulaba en mis noches
se arriesga a morir en mis brazos
y despertaba sonriendo
con los sueños intactos
como lealtad soberana
a nuestro propio egoísmo
II
¿Fingíamos cariño? No lo sé
Pero tal vez sí nos queríamos cuando nos queríamos.
Nunca nos negamos a nuestros cuerpos
yo la necesitaba
ella me buscaba
a veces lográbamos tocar con nuestros dedos el alma
era religiosamente mía
la quería así descalza
sin nombre
sin familia
indefensa dormida entre mis brazos
en ese instante era mía
aunque a la mañana siguiente
el cielo y el infierno se pelearán por ella.
Trenes que no van a ninguna parte
“Todos alguna vez, fuimos amores pasajeros de trenes que no iban a ningún lado.”
Joaquín Sabina
Hay trenes que no van a ninguna parte,
pero en ellos es posible encontrar el verdadero camino,
almas,
miradas que dicen todo,
conexiones que trascienden al tiempo, a los idiomas,
y al espacio.
En trenes que no van a ninguna parte, se encuentran, se cruzan
y se forja el escenario perfecto.
El amor en un solo idioma,
romances intensos,
hielo y fuego.
Los trenes que no van a ninguna parte son el mejor destino,
no tienen principio ni fin,
lo que dentro pasa ni el viento se atreve a recordar,
historias sin tiempo.
Inesperados.
Amores de servilleta.
Amantes,
estaciones que pasan, estación que llega.
Fantasmas,
manchas de vino que se desvanecen y forman otras manchas,
recuerdos,
labial en el cristal, rostros desvanecidos
pero el amor eterno y fiel.
En cada parada los corazones se aceleran
ojos brillantes, voz de pan, de viento,
sonrisa radiante, desconocidos viajeros.
En cada curva las manos se entrelazan, terciopelo que nos une.
No importa el rumbo,
Te susurro “ya hace tres estaciones que debía bajarme”.
Me abrazas. Juntos… el destino detalle insignificante.
Tras las ventanas todo parece desvanecerse,
estamos a dos wiskis y un sí,
lienzo que se pinta de nuestro silencio en el compartimento,
latidos que llenan el aire,
melodías a dos voces, a dos idiomas,
nuevamente el amor nos salva. Nos envenena.
En cada beso se despiden los miedos.
La brújula del tren, la otra esquina,
refugio de soñadores.
Cada parada un nuevo comienzo, cada estación nuestro hogar.
cada desvío una nueva aventura.
Besos, mentiras,
promesa, amor eterno, aventura y vino tinto.
El inevitable adiós.
Se termina el viaje, la inexorable marcha,
cierre del capítulo, el punto y el final de la historia.
Lagrimas testigos silenciosos,
El adiós nuevamente.
Pero el amor nos salva. La certeza de lo valioso.




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(Cereté, Córdoba, Colombia). Abogado. Estudios en Derechos Humanos y Derecho Internacional Humanitario en la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo (Michoacán, México). Maestría en Derecho Procesal Constitucional en la Universidad Nacional de Lomas de Zamora (Argentina). Admitido en el Doctorado en Derecho de la Universidad Nacional de Mar del Plata (Argentina). Ha tomado cursos sobre Literatura, Pintura y Teatro; ha sido partícipe de talleres literarios y centros poéticos de México, Argentina, Estados Unidos, Italia y España.


Es un gusto leer algo tuyo nuevamente, Petro.
Saludos.