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Mis vivencias en Carraipía

Reseña

Alejandro Rutto

Los libros son el estandarte del conocimiento, guardianes celosos de la sabiduría, divulgadores de la información para que viaje de mano en mano y de lugar en lugar.

El libro, a través de sus letras palabras y líneas, transmitan los acontecimientos y las emociones de una época y de un escenario para que la humanidad entera o, al menos una parte de ella, conozca lo que de otra manera jamás se hubiera podido saber.

En el caso que nos ocupa “Mis vivencias en Carraipía”, libro del profesor Jorge Rincones Fontalvo, el lector encontrará un agradable relato con empaque autobiográfico a través del cual da a conocer la historia de Carraipía, pequeño pueblo colgado de los Montes de Oca, durante las casi siete décadas.

Son las décadas que han transcurrido desde el momento en que la familia Rincones Fontalvo puso sus pies en el suelo del pueblo hasta los días que van corriendo.

Mientras avanzamos en el recorrido de las páginas podemos conocer la vida, las luchas, las confrontaciones existencialistas del hombre frente a sus defectos. Pero también vamos conociendo a un pueblo de nombre sonoro, musical y con alas para volar como las de los alcaravanes que le dieron su nombre en lengua wayünaiky.

El relato nos ofrece con divertidas narraciones y diálogos, una perspectiva de la realidad, las costumbres y la cotidianidad de Carraipía y su gente, sus calles, sus barrios y algo muy del pueblo: los apodos con los que conocían a la gente.

Carraipía era un pueblo de agitada vida social en donde se desarrollaba una curiosa festividad llamada Las Capuchonas, en las que había un particular intercambio entre hombres y mujeres que usted descubrirá cuando lea el libro.

Por el profesor Rincones sabemos hoy que Carraipía fue el principal polo de desarrollo de la región en los años cincuenta y la pujante población estaba destinada a convertirse en municipio primero que sus vecinos Maicao y Albania.

Su agricultura era poderosa, su comercio producía muy buenas ganancias. Era el centro de acogida a los migrantes de colombianos en su tránsito a Venezuela en busca de un lugar en donde sus ilusiones pudieran convertirse en realidad y la violencia no los persiguiera tanto como en sus lugares de origen.

Carraipía tuvo un cine que presentaba películas tres veces a la semana y congregaba a casi todo el pueblo. Esa era una de las diversiones preferidas de la gente. Y tuvo una institución agropecuaria con más de 256 hectáreas destinadas a la enseñanza y a la producción. Hasta esa institución se desplazaban muchachos de todo el departamento para aprender el arte de hacer parir a la tierra.

¿Qué pasó entonces para que Carraipía de vinera a menos?  Hay una razón muy poderosa. Por supuesto no la vamos a revelar para no dañarle a los lectores las ganas de saborear este bello libro, que lo es no sólo por la narrativa del autor, sino por la calidad de la edición a cargo de la editorial Papel y Lápiz.

El maestro Aaron Parodi, socio fundador de la edición, aplicó toda su experiencia para que el libro sea un magnífico objeto físico, ideal para regalar a los seres queridos y para ataviar la biblioteca. Pero, mucha atención, los libros no son una pieza ornamental, sino un objeto del deseo para quienes sufren del vicio de la lectura.

Y para los que aún no se han enviciado, les recomendamos que tengan cuidado porque después de leer “Mis vivencias en Carraipía”, quedarán atrapados en el hábito de la lectura del cual es casi imposible salir.

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