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EL MENDIGO

Laura Altamura

 

Peregrinar

Vengo a decirte

que

en el paso ilimitado

del peregrinar

entre adoquinadas opacas

y oscuras tintas de oraciones,

sigo buscando el “Lugar

del eterno descanso”.

Mientras tanto, en el camino

me agaché para recoger

los musgos de noviembre,

y los coloqué ahí

entre los ojos del silencio

y la boca del Kyrie Eleison.

Vengo a decirte que el camino

es espeso,

y aunque si las heladas piernas de piedra

se impregnen de notas terrosas

de avenidas arboladas otoñales

cuando se excava para hibernar,

tú ya no puedes protegerme.

Pero me las arreglo, ¿sabes?

Por esto,

vengo a decirte que me dejes ir,

que me sostiene el buen soplo

que tú no puedes ver,

de lento ir y seguro devenir,

me sostiene el abrazo invisible sin límites.

Tú no me detengas

entre objetos y resistencias,

 

preguntas y opiniones,

juicios y culpas,

entre ideas de cuerpo y estigma.

Vengo a decirte que, si sueltas mi mano,

pronto estaré en el patio

inefable y podré descansar,

y luego,

finalmente,

asomarme y susurrarte,

«no tengas miedo».

 


 

Peregrinare

Vengo a dirti

che

nell’illimitato passo

del peregrinare

tra opachi acciottolati

e foschi inchiostri di preghiere,

cerco ancora il Luogo.

Intanto, strada facendo

mi sono chinato a prendere

i muschi di novembre,

e li ho adagiati lì

tra gli occhi del silenzio

e la bocca del Kyrie Eleison.

Vengo a dirti che la strada

è spessa,

e anche se le gambe gelide di pietra

s’impregnano delle note terrose

dei viali alberati d’autunno

quando si scava per un letargo,

tu non puoi più proteggermi.

Ma io me la cavo, sai?

Per questo,

vengo a dirti di permettermi di andare,

che mi sostiene l’afflato buono

che tu non puoi vedere,

di lento andare e certo divenire,

mi stringe lo sconfinato abbraccio invisibile

ma tu,

non trattenermi

tra oggetti e resistenze,

 

domande e giudizi,

processi e colpe,

tra idee di corpo e stigma.

Vengo a dirti che se mi lascerai la mano,

io sarò presto nel Cortile

ineffabile e potrò riposare,

e poi,

finalmente,

affacciarmi e sussurrarti,

“non avere paura”.

 

 

El mendigo

Los huesos mendigantes

la vida es una baraja de cartas

en la acera de saliva y migajas

nunca un As ganador.

Pocas monedas

su vida no vale

ni una mirada más

un manojo de trapos escurridos.

Pocos amores

rápidos, sucios, alcohólicos.

Amargos,

excepto uno.

Una foto amarillenta

en el bolsillo —cabina íntima y vacía—

descompuesta

por el peso de una cara de leche.

Desde el parqueo del centro comercial

un gritillo alegre «papá»

lo distrae,

recoge un flashback y se solidifica,

suspendido en el aire,

luego se desliza entre los carros de supermercado,

en el frío de treinta años perdidos

dejados atrás

de tímidos secretos.

Pasajes anónimos a las rejas

de la escuela los días de los recitales.

La mirada cose el dobladillo de los recuerdos

más allá de la acera

de colillas y desperdicios

y luces navideñas de la Navidad ajena.

Amores solo uno.

Creciendo, nunca los ha tenido.

Denegados.


 

Il mendicante

Le ossa mendiche

la vita un mazzo di carte

sul marciapiede di sputi e briciole

mai un asso vincente.

Qualche moneta

la sua vita vale

non uno sguardo di più

un fracco di stracci strizzati.

Amori pochi

veloci, sporchi, alcolici.

Amari,

tranne uno.

Uno scatto ingiallito

nel taschino – abitacolo intimo e vuoto-

sfondato

dal peso d’un volto di latte.

Dal parcheggio del centro commerciale

un gridolino festoso “papà”

lo distoglie,

raccoglie un flashback e si rapprende,

sospeso a mezz’aria,

poi scivola tra i carrelli,

nel freddo di trenta anni perduti

lasciati indietro,

di timidi segreti anonimi passaggi

ai cancelli della scuola i giorni

delle recite.

Lo sguardo cuce l’orlo alle memorie

al di là del marciapiede

di mozziconi e cartacce

e luci natalizie del Natale degli altri.

Amori soltanto uno.

Cresciuto, mai avuto.

Negato.

 

Traducción al español: Yuleisy Cruz Lezcano.

“La vida está llena de casualidades y estoy convencida de que lo único sano es conocer a la gente por casualidad antes que por cálculo. Así fue como conocí Laura Altamura, poeta italiana. Y así es como ahora me estoy acercando a su temperamento expresivo, a su modo de dejar las palabras en el aire o incrustarlas en un giro inesperado. Estoy aprendiendo a conocer sus concordancias caprichosas, su estilo de plantear y recoger los temas dentro una forma giratoria, los impulsos apasionados de su poetización, que confluyen y cuajan en la sombra de un contacto con las cosas. Así, a través de su visión simbólica, la poeta busca una imitación verbal de la insondable apariencia, cuya oscuridad no se opone al mundo de la razón ni a las penumbras del sentimiento, sino que, en el perenne camino de los sentidos, se asiste a la posibilidad de otro mundo, que se mueve detrás de la revelación inicial”

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