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LAS CUCARACHAS DE LA FELICIDAD

Nidia Cavadía Martínez

Una mañana de agosto de 2022, Nacha De la Rocha, quien vivía en la Ciudad del Retorno, esperaba una llamada de alguien para coordinar algunas de sus actividades más recientes relacionadas con su oficio de docente. Acostada es su cama miró hacía el techo, vio una repugnante cucaracha que se desplazaba de un lado a otro, parecía no tener ningún rumbo; de inmediato, el teléfono sonó, hecho que la hizo olvidarse de aquel asqueroso insecto.

Cuando el riiin, riiin del celular la distrajo, se apresuró a contestar pensando que sería esa llamada anhelada; no fue así. Al responder se dio cuenta que era su hermana mayor Natacha que vivía en Cartagena.

Nacha y Natacha compartían el mismo concepto de familia, contemporáneas por su edad habían leído al escritor T. Bianco quien afirma: “Familia es cuando amas a alguien hasta la muerte y harías cualquier cosa por ellos, confías en ellos y los cuidas; a cambio, ellos hacen lo mismo. Es el tipo de vínculo que los mantiene unidos”.

Nacha se olvidó de la llamada que esperaba y se dispuso a platicar con su hermana. En medio de la conversación Natacha le dice:

—Te anuncio que te prepares porque pronto iré con nuestras hermanas a hacerte una visita familiar, será este próximo puente festivo de agosto —la felicidad embargó a Nacha.

—¡Qué gran noticia tener a mis tres hermanas aquí! Será un placer recibirlas.

La anfitriona de la visita empieza con alegría a pensar, ¿qué brindarles? ¿A dónde llevarlas? Su corazón latió aceleradamente, era la felicidad de saber que después del año en que se detuvo el tiempo, como dice la canción de Pimpinela, volverían a abrazarse; estaba feliz por todo lo que significaba recibir a las hermanas.

Nacha continuaba con los preparativos mientras los días transcurrían, estos se dificultaban porque cada vez que alguien de la familia se enteraba que habría encuentro de hermanas, sus otros familiares llamaban y también se iban sumando a la visita. Su corazón se debatía entre la felicidad y la dificultad de cómo resolver el problema de la dormida, aunque su hogar era grande, no había cama para tanta gente.

Buscando la solución, todos llegaron a un acuerdo: se quedarían en un hotel con las tres B: Bueno, bonito y barato; así se solucionaba el único problema real, lo demás quedaba resuelto.

Charly, el hermano menor de Nacha, le hace una última llamada.

—Hermanita queremos que nos consigas todas las piezas en el mismo hotel, queremos rebajas para ayudar a los que tengan menos solvencia económica, cada familia debe quedar ubicada en una pieza, confiamos en ti.

Para entonces ya confirman su venida al encuentro familiar seis hermanos con sus familias, dos sobrinos con sus familias y una prima con su familia; en, total treinta miembros de la familia De la Rocha.

El primer día, el gremio familiar soltó la primera carcajada, Charly, el hermano menor llegó a la casa de Nacha gritando.

—¡Ombe hermana, tu escogiste la peor pieza para mí! cansados del viaje y después de los tragos de whisky que nos tomamos, me tocó matar cucarachas por montón para que mi señora y mi hija durmieran tranquilas, eso sí pedí cambio de pieza.

El segundo día el turno fue para el sobrino casado, llegó muy temprano diciendo:

—¡Nojoda! Me tocó matar como cien cucarachas, yo no sé porque escogió esas piezas tía, mis niños gritaban de miedo.

Comenzaba la chercha sobre quién mató más cucarachas, las carcajadas iban y venían y Natacha la más jocosa de la familia le agregaba, le quitaba, le ponía más picante a la cosa y así transcurría el reencuentro recordando en todo momento los episodios con las cucarachas en el hotel.

El colmo fue el tercer día, el turno fue para los sobrinos solteros, Andrés con todo lo acontecido los días anteriores levantó el colchón de su cama y ahí estaba el nido de cucarachas, había tantas que le tocó abandonar su cómoda cama cucaracheada y acostarse al lado de su hermano, eso sí, vigilando en qué momento llegaban a su lado. Los más pequeños, David, Moisés y Mariana, tenían a los papás asustados porque sus gritos de terror sonaban tan fuertes que se escuchaban en todo el hotel.

Así transcurrieron estos tres días de reencuentro disfrutando, celebrando, comiendo, tomando, paseando, bailando, en todo momento recordando y chachareando los diferentes episodios con las cucarachas que le recordaron a Nacha de la Rocha aquella que viera en el techo de su dormitorio y que fuera el presagio de lo que serían estos insectos en el reencuentro.

Pensó que, aunque las cucarachas pueden llevarnos a momentos poco atractivos y llamativos para nuestra mente, para este caso fueron una diversión más, por eso la familia De la Rocha hoy cree que las cucarachas, por primera vez, son motivo de celebración, chiste e hicieron inolvidable aquel reencuentro familiar que hoy recuerdan como Las cucarachas de la felicidad.

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24 comentarios en «Las cucarachas de la felicidad»

  1. Nidia, qué manera entretenida de narrar lo que pudiera haber sido un tema no muy grato para muchos.
    ¡Felicitaciones, querida escritora!
    Te abrazo bien fuertito desde México.

  2. Fantastico, ni el temor o desprecio que podamoa sentir por las cucarachas logró apagar la alegria y la dicha del reencuentro familiar… felicidades Nidia que tu pluma siga afinandose…

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