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El piano que gemía su nombre

La descubrí, si es que descubrir puede llamarse al acto fatal de reconocer aquello que nos aguardaba desde antes de nacer, en el ángulo más sombrío de una subasta miserable, amortajada bajo polvo, abandono y una dignidad fúnebre que parecía desafiar la vulgaridad de los vivos.

La paradoja del deseo

¿Podemos decir que es el mismo deseo si ya pasaron por tu cuerpo tantos deseos? ¿Podemos decir que aún amamos si tantos otros amores te han tocado? ¿Podemos decir que sigue prístino, en tu pensamiento, el acto de tomar mi mano, de oler mi cabello, de exhalar el grito atrapado en llanto?

Volver a mí

Y entonces la fuerza de voluntad, junto con la dignidad, amenazan con traicionarme. Al oído me susurran que te escriba, que te busque, que te hable y te pida que me abras un pequeño nido en tu corazón… en tu alma.

Jacinto

Desflorando margaritas en el parque del pueblo se la pasaba siempre Jacinto Escarpeta. De su rostro jamás se borraba una sonrisa perpetua.

El jardín del amor que se extinguió

En el jardín del amor, donde las luces cósmicas lentejuelean, danzando al ritmo de los suspiros, tú y yo nos encontramos, y nuestro amor floreció como un lirio perfumado que embriagaba el aire.

Guardián del campo

Hay que vigilar el campo, el pan, los pájaros, el fluir del agua desde la fuente hasta la boca, la cosecha, el otoño. Hay que convertirse en un galgo, excavar bajo tierra, cuidar las semillas de los cultivos subterráneos. Uno debe volar en el aire, captar cada onda.

Sin ti

Cierro mis ojos y los aprieto con fuerza, ambicionando que, en los primeros instantes de borrosa lucidez tras abrirlos de nuevo, pudiera reconstruir tu silueta, ya no imaginaria, sino palpable, de carne y hueso.

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