Cuento

La llorona sí existe

El calor infernal de aquella habitación diminuta que Josías compartía con sus hermanos hacía difícil la respiración; la sepulcral penumbra que lo envolvía era angustiante y él todo lo que deseaba era caer profundamente dormido…

Ora pro nobis peccatoribus

Tocaron a la puerta. Un mucamo traía una botella de whisky, una picada de naranjas y varios platitos de maní con pasas y aceitunas. El padre no le permitió ingresar. Recibió todo desde la puerta, le dio la propina y lo despachó.

Guerra

Habías crecido alejado de la cultura materna, pero por ser hijo de una mujer wayuu estabas vinculado socialmente al ei’ruku, y una de las tantas cosas que te habló la artesana fue sobre el conflicto que tuvo el linaje Pushaina con otro: tu tío

Botines

Sin esperar mi respuesta, que igual no iba a recibir, pues mi aliento no me daba ni para respirar —un aparato artificial lo hacía por mí—, se agachó, metió la mano debajo de la camilla, se levantó y me mostró mis tenis de marca recién comprados

Oscurana

Cuando estaba poniendo una rodilla en tierra, volvió a pasar la solitaria lechuza con su paralizante craqueo, esta vez casi me levanto y salgo corriendo, pero tomé valor y comencé a clavar torpemente.

Humo en la ceguera

El mundo se le había vuelto plano debido a su incapacidad, producto de aquel accidente. Esto le generaba inseguridad, el único lugar que le daba confianza era su habitación.

Mujer muerta

El niño se había sentado precisamente en uno de los troncos que hacía poco el río había dejado varado en la orilla. No había podido ir a la escuela, el techo de la misma se caía a pedazos y los maestros temían que matara a uno de los pequeños.

Bendita caridad

Daba saltos de alegría meneando su cola al olfatear el manjar destinado a su amo. Con un gesto amoroso dejó el alimento a su lado y continuó a la farmacia donde trabajaba como cajera.