Cuento

Botines

Sin esperar mi respuesta, que igual no iba a recibir, pues mi aliento no me daba ni para respirar —un aparato artificial lo hacía por mí—, se agachó, metió la mano debajo de la camilla, se levantó y me mostró mis tenis de marca recién comprados

Oscurana

Cuando estaba poniendo una rodilla en tierra, volvió a pasar la solitaria lechuza con su paralizante craqueo, esta vez casi me levanto y salgo corriendo, pero tomé valor y comencé a clavar torpemente.

Humo en la ceguera

El mundo se le había vuelto plano debido a su incapacidad, producto de aquel accidente. Esto le generaba inseguridad, el único lugar que le daba confianza era su habitación.

Mujer muerta

El niño se había sentado precisamente en uno de los troncos que hacía poco el río había dejado varado en la orilla. No había podido ir a la escuela, el techo de la misma se caía a pedazos y los maestros temían que matara a uno de los pequeños.

Bendita caridad

Daba saltos de alegría meneando su cola al olfatear el manjar destinado a su amo. Con un gesto amoroso dejó el alimento a su lado y continuó a la farmacia donde trabajaba como cajera.

Idiosincrasia

Lo curioso es que el noticiero nacional grababa sobre otro galardón al que nuestro municipio, que hace parte de la región Caribe colombiana, se había hecho merecedor: el sitio más pacífico del planeta

La serpiente y el viento

La serpiente, después de observar las habilidades del viento, llora desconsolada, luego limpia su cuerpecito débil aún y dice: ¡Yo vuelo en el cuerpo de mi mami, mientras esta me arrulla….

Himno de paz

No más guerras, ni odios ni rencor.
No más niños en las calles presos del miedo, del hambre y el frío. No más mujeres maltratadas, no más héroes mutilados.

Orgullo

En una noche donde reinaban las estrellas, tres viejos amigos llamados Oscar, Camilo y Segundo se encontraron durante una fiesta wayuu que se realizaba por el final del encierro de una niña, quien había tenido su primera menstruación.