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Poesía

Ave fénix

Cada amenaza, la hubieses cumplido, así, no quedaría ningún vestigio mío. Pero, has dejado una mínima brasa en mi corazón marchito, y como el ave fénix, he renacido.

La oscuridad

Si debajo de las hojas está el resto sordo también el otro tiempo canta mentiras las escaleras de Montale son empinadas rascan hasta la pulpa blanca. El óxido incrusta el aire de los santos la misericordia del salmo a las tres en punto reza lentas verdades en violines afinados al pecado.

Cuidad de las Naciones

En nuestra aljaba, las flechas son muchas, amuletos que instigan exaltaciones hipotónicas. ontradicciones vanas en la Ciudad de las naciones

Una palabra

Una palabra, luego las olas de tristeza en un minuto se transforman en burbujas. Tu tímida sonrisa es un rayo de sol. que se abre paso entre las nubes.

El rock de las manos todas

Somos tan pocos los que superamos el mundo entero en esta enfermedad que nos avasalla y nos mata dentro.

Castillos de naipes

Días transcurridos,
colocados uno sobre otro para formar ilusiones. La copa de mi alma llena con gotas de horas. Horas cargadas de alegrías, de llantos, de rencores.

Frío olvido

Vieja muñeca de mis ayeres recuerdo inefable de una niñez aplazada. Tiene mi muñeca piel de porcelana su pelo liso de plástico esculpido y un bello vestido con ajustado corpiño perfección cubierta de polvo
olvido revolado en sus ojos.

El cofre de mi alma

Esta vez fue un encuentro casual mientras paseaba en el malecón. Al verla de dicha saltó mi corazón que ante ella se emociona igual. Tendida bajo playeros parasoles, como la bella diosa Artemisa, ella recarga su alma con las brisas, los calores y las luces de arreboles.