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Poesía

El vino bendito

Quisiera el bendito trago de eternidad en eternidad. No le demos una gota al infierno el que no se detiene por celos el pecador nos espera tranquilo, si quieres puedes gritar, gritar fuerte
entonces ora a tu dios Sol. Bebe y no te ahorres, derrama el elixir profano en los ríos!

Ella es

Esa noche eran una multitud profanada un techo que sucumbe suave, sin luz hinchado de ira. La que amabas la maté la descosí por la espalda le desgarré la carne
le succioné la sangre la extendí en la sábana…

En la ciudad muerta

Ya no hay puentes para cruzar la noche. Hay ventas en este río, dolor en este navío. Caronte fuma un cigarrillo en la zanja principal. Simplemente apagón. Simplemente silencio.

Érase una vez…

Con un sello mágico también te convertirás en mujer un cuento de hadas interminable en la tierra y en el cielo de toda alegría y desgarro el torbellino y la fuente la madre hechicera cariñosa y siempre despierta.

Viuda

Nadie la apoya y la protege y ella no puede dar su calidez a cualquiera
Ella sigue siendo hermosa, pero no encaja en el conjunto.

Segundo momento

Sobre tu cuerpo yo deslizo mis horas negras, tú deslizas muchas rayas, pero yo retorno al principio de las cosas cuando la hoja estaba en blanco. Pelo, cabeza, nariz, sueño, han precedido al letargo del silencio, tienes en los ojos dos círculos nuevos en ellos planeas anillos de Saturno.

Marea lunar

Gotas y salpicaduras caerán de mi pincel sobre el lienzo y formarán arcos o pistas indefinidas nudos y líneas curvas cobrarán vida en los tonos apagados de la tierra.

Tu silencio

Conspicuo quiero permanecen en el absurdo sillón del olvido pero inane mis manos quedan al darte cuenta de la ausencia persistente en la que me dejaste.

Más allá

Más allá, más allá de las palabras, más allá del mundo en llamas, en el firmamento dulce, brillante y eterno
eres tú, mujer, niña, amante y madre,
eres tú quien infatigable desatas las cadenas con tu canto mudo y verdadero, alivias tormentos y recuerdos con labios de rocío y manos de seda…