JAMAIS VU

Daniela Mendoza

Las personas pasaban a gran velocidad o tal vez éramos nosotros los que íbamos rápido. Las destrezas nulas de mi padre para controlar sus arranques de ira y niñez, como decía mi madre, se hacían notar a su hora de manejar. Avanzábamos por la autopista y aún no sabía siquiera a dónde nos dirigimos.

—¿Hacia dónde vamos? —pregunté asomando la cabeza entre los asientos delanteros y mirando el ceño fruncido de mi padre y la cara asustada de mi madre.

—A dónde la abuela —respondió mamá después de tomar un gran bocado de aire para sonar tranquila.

¿La abuela? ¿Quién es la abuela? Pensaba.

Después que el ánimo de mi papá volvió a la normalidad y disminuyó un poco la velocidad, condujimos una hora más hasta llegar a la ciudad. Muchas veces había ido con mi hermana, nos gustaba pasar por el Drive Thru en su vieja motocicleta mientras los empleados nos miraban mal.

Tiempo después de haber serpenteando por las calles, paramos frente a una casa de esquina; era grande y rosada, se veía antigua. 

—¿Dónde estamos? —pregunté.

De repente una señora de edad avanzada salió de la casa, su espalda estaba encorvada, toda su piel arrugada y vestía igual que yo, solo que su ropa se veía más gastada y vieja.

—Mamá, ¿ella es tu madre? —le pregunté mientras caminábamos hacía la señora.

—No, ella es la abuela.

Papá la saludó con una gran sonrisa mientras le decía lo bueno que era verla de nuevo, y así mismo lo hizo mamá. Una sensación de calidez llenó mi pecho por la felicidad de mis padres de ese encuentro. Cuando la señora me miró, esa impresión desapareció.

Reflexionaba: ¿Quién era esa señora y por qué me daba tanto miedo?

En ese momento sufrí una epifanía. Esa señora era igual a mí.

—Oh pero que bella estas, sigues pareciendo una pequeña estrella.

¿Una pequeña estrella? Retumbaban esas palabas en mi cabeza.

Y ahí estaba la respuesta: esa señora no era igual a mí, era yo; así que simplemente pregunte:

—¿Quién es usted?

 Ella sonrió triste.

—Oh pequeña, ¿ya me olvidaste?

La miré de pies a cabeza; miré la casa, a mis padres, el carro. Todos encajaban menos yo, porque yo era ellos. Todo a mi alrededor se veía viejo, destruido, abandonado.

Ahí me di cuenta que la señora era mi sombra, mis padres el ego y yo era la máscara que cubría todo eso destruido que abandoné y que ahora no reconocía.

Pero esa no podría ser yo, ¿verdad? 

Yo no me había podido dañar a misma de esa manera, pero lo hice, me destruí y me arrojé por no aceptar que esa era yo. 

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5 comentarios en «Jamais Vu»

  1. DANIELA MENDOZA Feliz año nuevo, bendiciones y muchísimos éxitos en éste nuevo ciclo. Felicitaciones comenzaste éste año pisando fuerte con la publicación de ésta interesante historia de encuentro con el otro yo. Espero conocer más de tus letras. Un fuerte abrazo.

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