LLEGÓ JULIO

Luca Ariano

 

Llegó julio,

casi absuelto…

Nunca quisiste llegar:

iba a ser ese domingo,

no estabas allí… 

Llegaste tarde

con los ojos ya cerrados.

Huirías

de ella antes de partir: 

¿Te pertenecerían esas calles? 

Pueblos de castaños y piedras antiguas de veranos frescos 

y vientos en la frontera:

esos apretones 

de cuerpos demasiado furtivos

mientras la tarde traía

la puesta de sol

esperando por nuevas horas para acariciar.

Fue justo en una noche de julio

que un rayo destruyó el campanario:

los frailes y los campaneros

perecieron.

Fue ella -gritaron-

con su maldad…

Quemada en la Piazza Castello

tras una oración en latín

que pocos entendieron.

 

Traducción al español por Mariela Cordero.

 

 

Nunca te acostumbrarás a ese viento

que parece estar en Trieste.

No te refugiarás en cafés históricos

hablando de literatura,

ni escucharás el estruendo en la frontera

de los cañones… Fin de los Imperios.

 

Él deslizará la bicicleta esquivando las ramas:

helados más allá del límite máximo,

los tiempos de heladas no están permitidas

en los rituales de primavera

y la cosecha de verano presagiará

hambrunas de la edad oscura.

 

Esa catarina sobre la pared

como un talismán para tu abuela

le mostrará rosas floreciendo

en un jardín desatendido.

 

Tú esperarás su pedaleo de luz

en el cabello de los días,

décadas esperadas, 

puntual como un poema 

aprendido con el corazón

recordando en un instante 

a lo largo de un beso.

 

Traducción al español por Marlene Pasini.

 

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