TAL VEZ... SÍ

Fabiana Pernía

Sonreír con los ojos es posible, pensé. Sonreí tanto, que las mejillas me comenzaron a doler y las manos me sudaban como si estuviese en un sauna. Mi corazón comenzó a palpitar más rápido, deseaba tener más oxígeno para que mis pulmones hicieran su trabajo, pero este tapabocas no ayudaba con la causa.

Ante tal caos en mi cuerpo, decidí irme sin despedirme, sin pronunciar palabra alguna.

El camino que he recorrido hasta aquí para huir, siempre el miedo ha estado por delante. ¡Verónica no huyas!, gritaba mi yo interno. No lograba detenerme, mis pies aceleraban con el pasar el tiempo, mis ojos se llenaban de lágrimas sin explicación alguna: ¡¿Qué me pasa?!

Veo el techo tratando de buscar alguna explicación, una ayuda, a la final tengo mi mente en blanco. No comprendo nada. No entiendo el temor que generó aquellas palabras de cariño por parte de Jean.

Ya eran las 10:35 de la noche. Bajé a la cocina a prepararme un sándwich.

Llega un mensaje de Jean: ¡Hola señorita! ¿Todo en orden? Espero no haber dicho nada malo.

No tuve las agallas de responderle nada aquella noche. Tres días después decidí escribirle el último mensaje, el cual decía: Nos vemos hoy en tu casa, cuando salgas del trabajo.

Hola Jean, está bien. Nos vemos en el café de siempre, Ñañam.

No duró nada en responder el mensaje:

Ñañam Veró. Ten buen día.

La palabra Ñañam surgió hace unos años cuando estábamos en un viaje con unos amigos. Significa te quiero como se quiere a la comida, para siempre y con ganas. Je, je, je, solo nosotros inventamos cosas así.

Ya eran las 4:00 de la tarde y salí a tomar un taxi.

—Buenas tardes, podría llevarme a la cafetería Dragones y Libélulas por favor.

—Con mucho gusto—respondió el taxista.

Desbloqueé mi teléfono y comencé a escribir en mi espacio personal, el lugar donde todo lo digo: mi blog de notas.

No encuentro las palabras adecuadas para describir lo que siento por él, tal vez esperaba este momento hace mucho, pero preferí enterrar estos sentimientos para no dañar nuestra amistad. Jean es un hombre increíble, capaz de sacar lo mejor de mi de una manera diferente; su mística o manera de ver la vida es la que me cautiva.

¿Será que estoy preparada para compartir lo que soy? ¿Estoy dispuesta a dejar mis miedos a un lado? ¿Soy realmente capaz de entregarme al amor?

Hay muchas preguntas que surgen en un viaje de quince minutos, las cuales no podré responder tan fácilmente. Llegué. Ahí está él, con pantalón verde militar, camisa cuello de tortuga gris y sus tenis blancos.

Salí del taxi e inmediatamente se acercó a mi.

—Hola señorita—dijo.

—Hola Jean.

—¿Qué tal tu día Vero? —comenzamos a entrar al restaurante.

—Bien Jean, unos clientes nuevos llegaron al departamento con unas ideas bastante llamativas, así que estaré bastante creativa los siguientes días.

—¿Enserio? Eso significa que tendrás la casa patas arriba, saldrás todas las noches y me bombardearas de preguntas je, je,je.

—Tal cual, je, je, je.

Con el paso del tiempo la conversación se torno un poco más seria, hasta que Jean comenzó diciendo:

—Yo no busco cambiar lo que eres. Llevo más de cinco años conociéndote como amiga, sé lo que te apasiona; sé que amas tomar café en la mañana para activar tu cuerpo de forma más rápida. Sé que amas bailar bajo la lluvia como una niña pequeña; que no hay lugar que te haga más feliz que sentarte en la arena y ver el atardecer. Se que vez el clima toda las mañanas para saber como vestirte. Yo no busco que cambies por mí, yo no busco que la versión que eres se modifique solo porque deseo ser más que tu amigo.

Hizo una pausa para tomar un poco de agua y continuaba.

—No puedo garantizarte que no te haré daño, soy un ser humano y esto no es excusa, sin embargo, haré todo lo posible por no hacerlo.

En medio del asombro por los detalles que el conoce de mí y su manera tan natural de decirlo, lo miré y solo lo abrace. Encajábamos como el ying y el yang. Mi cuerpo se soltó y sentí que una carga que llevaba en mi espalda se cayó. Me miró con esos ojos que demostraban una sonrisa minúscula. 

Y en ese montón de vaivenes de la vida nos topamos con seres de luz, pensé.

11:50 de la noche, enciendo mi teléfono y abro el blog de notas:

Lo intentaré. No sé que esperar de todo esto, pero lo que siento solo estremece mi cuerpo, me hace sonreír sin razón alguna. No creo en las mariposas en el estómago, pero si en la ansiedad que se produce cuando se quiere a alguien. Mi madre siempre ha dicho que el amor es lo más real del ser humano, porque es lo único que no puede controlar de sí mismo… Tal vez tiene razón.

Llega un mensaje de Jean:

Dulces sueños novia. Ñañam.  

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