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LOS REINOS TERRENALES

Gašper Malej

 

Hartos de esperar.

Hartos de que en nosotros

se oigan las voces, las huellas

cuya supervivencia negamos.  

En el deseo eterno de convertirse en

mañana. U otra persona,

no más que una pupila que construye

las redes de la mirada en lo alto,

más allá del horizonte y lo palpable

que con las señales va perdiendo

su color hasta convertirse en lo extraño.  

Ante un dilema. Esperando que pase

una explosión distinta

quitamos los velos de las respuestas;

esperando a que se abra

—no extienda— el llano estelar

en el que podríamos descansar tan tranquilamente

como en una alfombra persa.

 

 

Pulso demasiado fino: cómo te juntas

con la disposición de la palabra,

le proporcionas una huella

para alejarla hasta lo irreconocible,

azufre opaco en el diagrama de la rigidez.

qué pesados, pesados, pesados son los huesos:

cómo te acuestas, distraído, en tu cama,

la horizontalidad de la angustia. con ardor

te sofoco; con el temblor de los cristales

te llamo en mi conciencia. Atalanta fugiens

no sé por qué, no sé de dónde.

de nuevo la gracia del recuerdo involuntario

que despierta un concepto inasible y extraño  

que anoto; que me toma.

cuando despliego las alas en un vuelo silencioso,

entregado a los persistentes, inconcebibles

leyes de la caída.

 

 

Como una mariposa silenciosa

que en el viento vacío espera

a que las sombras se ondulen,

vagaría volando

entre los paisajes del espíritu

y los reinos terrenales.

Aguzas la frontera;

en la agitación de las alas

percibes la fugacidad del mundo

que pasa desapercibida

entre los vendedores,

los orfebres y los profetas

que juran sobre la historia.

Tu voz es más clara que lo grisáceo,

relucientes abrigos de piel y joyas;

como una veleta transparente ahuyenta

las tentaciones de su propio fuego.

En el vuelo de la mariposa

tiembla y enmudece.

 

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