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LA MEMORIA DEL HUMUS

Carlos Morales

 

El cuerpo que canta bajo tierra

No tiene ojos ni voz,

pero ve

la humedad del mundo

y canta en silencio

con su cuerpo.

 

Se desliza entre raíces,

como verso

que no pide aplauso,

solo compostura y compost.

 

Su piel respira la memoria,

su andar escribe en la arcilla

la partitura del humus.

 

Y cuando el sol no la ve,

ella transforma la sombra

en alimento para la luz.

 

 

Banquete para la vida invisible

No hay mantel ni cubiertos,

pero sí un festín bajo tierra.

 

Las cáscaras

se vuelven canto,

el estiércol, sin vergüenza,

se transforma en bendición.

 

La lombriz no exige etiqueta,

solo respeto por el ciclo

y alimento

que no humille la raíz.

 

Cada residuo es una historia,

cada mordida, una alquimia,

cada digestión,

un poema que la tierra

escribe sin tinta.

 

 

La memoria del humus

La historia

no siempre

se escribe con tinta,

a veces se escribe

con tierra húmeda,

con el rastro invisible

de una lombriz que danza

bajo el peso del olvido.

 

Son ellas, las que no hablan,

las que no miran,

las que transforman

sin pedir aplausos,

las que convierten

desecho en semilla

y silencio en alimento.

 

Desde la India hasta el Sinú,

desde Darwin hasta el abuelo

que compostaba sin saberlo,

la lombriz ha sido autora

de un libro sin páginas,

donde cada gramo de humus

es una palabra viva.

 

Hoy, al abrir este capítulo,

no solo leemos historia,

la tocamos con las manos,

la sembramos en el corazón.

 

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