Estas letras no nacieron con la intención de ser libro. Surgieron como un suspiro en medio del naufragio, cuando la vida parecía no tener orilla. Fueron escritas en la intimidad de mis sombras, en ese rincón donde el dolor se vuelve palabra y la palabra se convierte en refugio. No buscaban admiración ni aplausos, solo comprensión. Solo ser leídas por mí, en voz baja, cuando no había luz.
Nunca me vi como poeta. Mi alma se inclinaba más hacia la narrativa, hacia contar historias con cuerpo y voz. Pero un día, sin aviso, los versos comenzaron a brotar como agua de manantial. Me enamoré de ellos. Me enamoré del dolor que los parió, de la vulnerabilidad que me revelaron. Y cuando otros los leyeron —algunos por accidente, otros por curiosidad— me enseñaron que el dolor compartido puede sanar. Que lo que nace del desahogo puede tocar corazones y convertirse en arte.





Valoraciones
No hay valoraciones aún.