
Ni costeño ni cachaco ni caleño ni guajiro; ni alto ni bajito ni gordo ni flaquito; ni joven ni viejo; ni diplomático ni poeta ni músico ni emprendedor ni ajedrecista ni ingeniero. Escribe a cada rato y se inventó la Torre del Silencio. No es un escritor serio, se ríe mucho. Se la pasa jugando con palabras por lo que difícilmente podría decirse que se circunscribe a alguna corriente o escuela.



Y sin duda, después de leer esto… ¡ERES UN ESCRITOR!
¡Qué distancia hay entre el alumno y el escritor! Pero sin duda, eso eres, un escritor.