Carlos Arturo García

Ni costeño ni cachaco ni caleño ni guajiro; ni alto ni bajito ni gordo ni flaquito; ni joven ni viejo; ni diplomático ni poeta ni músico ni emprendedor ni ajedrecista ni ingeniero. Escribe a cada rato y se inventó la Torre del Silencio. No es un escritor serio, se ríe mucho. Se la pasa jugando con palabras por lo que difícilmente podría decirse que se circunscribe a alguna corriente o escuela. Es muy malo para escribir reseñas autobiográficas, pero tal vez no es tan malo para contar historias.

Átomos

De los ciento treinta millones de libros publicados por la humanidad, ha elegido uno de los libros favoritos del muchacho caminante.