PIEL Y AROMA

Luz Elida Vera

 

Compañero

Compañero de arduos y peligrosos caminos,
emprendes el viaje al extraño mundo de mis
deseos
perniciosos, egoístas, sutiles, mundanos.
Y sigues siendo héroe de mis pasiones
rotas y desligadas,
en esta nada
que me aclama,
que me hunde,
que me consume,
en el único espacio que es mi espacio,
en el que atraes la calma en tiempos
de aireado vendaval.

 


Desintegración

Soy la corriente
útil e inútil
que arrastra más de mí
que de ti.


Soy la corriente
que choca contra ti,
ahí,
¡sí!, ahí,
en mi cuerpo,
en mis telarañas,
en mi polvo,
en mi lluvia,
la que también suele ser tu lluvia:
una desintegración del ser
que huye al cielo
para no ser alcanzada.

 

 

Mátame

Mátame
así,
lento,
paso a paso
como si de ello dependiera tu vida.

Mátame,
lento,
más lento,
como solo tú sabes hacerlo.

Mátame,
porque si me dejas viva
desearás tener por siempre
tu alma cerca de la mía.

 

 

Beso

Desde aquel beso,
beso ingenuo,
beso de amor,
beso de recelo y locura,
fluyo en el aire
que lleva tu aroma
hacia mi ser,
así como fluye
el aroma de una taza de café
hacia el olfato,
íngrimo,
ansioso de ti,
provocador de este abismo infinito,
perverso como el revoleteo de mariposas
que nace en mi estómago
y termina en mi vientre.

 

 

Lluvia

Páramo
niebla,
lluvia,
mojados.


Mojados hasta el cuello,
simplemente mojados,
mojados.


Sinfonía armónica de ti,
mojados.


Gotas que chocan contra el suelo
como tu cuerpo con el mío
en la tormenta de nuestras pasiones.

 

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3 comentarios en «Piel y aroma»

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