POEMAS ABIERTOS

Rikardo Pantoja

 

La vida

Se me hizo tan necesaria, que el mal genio pensó que podía conmigo.

No tomar en serio la mala suerte, por ello mi energía se localizó en el centro del mundo.

La noche cayó tan pesada sobre el valle, enmudeciendo las runas.

La frontera, más estrecha que nunca, mientras el despertar me invitaba a festejar la capital.

Nuevos rostros, nuevo smog, nuevas cumbres, un nuevo horizonte.

Cambiar de página

Decir adiós al mareo

¡Felicidad y plenitud!

Dejar de ser prisionero de la máquina, no dejar pistas ni rastros de esta danza.

No ver al menos por hoy la mueca de la tarde.

No buscar escapar de estas veinticuatro horas,  así me busquen vivo o muerto.

Atrapar en mis manos lo que más pueda, del mediodía, de la tarde, de la noche.

Inútil no sorprenderse, cuando la novedad late en cada esquina, cuando las horas se aceleran.

Escribo en mi agenda lo que más pueda, así suene a barato e indiferente.

Si no es traducido, no lo escriban, no lo repitan o lo copien.

No importa que el olvido termine acabando este martillo duro que es el diario vivir.

Dejé atrás el color a fastidio para pintar a mano alzada, un paisaje abiertamente feliz.

 

 

Geógrafo

Mi país limita al norte con un mar lleno de sobornos que marcan perfectamente los senderos pulidos en corrupción.

Al sur, limita con el miedo de mil voces que sabían de los muertos inocentes.

Al occidente, limita con una guerra de mil años.

Al oriente, con terrenos bañados en sangre

Tiene el pico más alto, el de la envidia, y en la capital no solo brilla el oro, también el afán.

Especies en vías de extinción.

Y sin embargo, se reproducen como plaga, quienes las venden

Los señores de bien, que caminan dándonos la espalda.

La puñalada que llenará sus bolsillos.

La esperanza se ha perdido

Escondida en todos y en cada uno de nosotros

Se avergüenza de su nación

Ciudadanos de esta nación inquebrantable

Llena de alegrías y miseria, sonrisas y caras amargas

Niños que se matan al llegar la tarde

¡Atentos!

No extraviemos la identidad, ni el dinero de nuestro trabajo.

Algún día tendremos que elevar plegarias al cielo y pagar por ellas.

 

 

Metamorfosis

Nadie se atrevió a dictarse su propia condena

– La razón –

Cómo ser una parte de la mentira, si al cubrir la verdad los panfletos quedaron boca arriba.

Los mediodías no cuentan historias, tragan la vida en un santiamén.

Y todos, no me cabe la menor duda, desaparecen si el tiempo cojea.

¿Cómo convertirse en una ausencia?

Ni Dios ni el Diablo tienen conciencia, sus secretos los arrebató la guerra.

Hubo cíclopes con tres ojos, sus colores fueron un teatro pobre.

Las risas se dividieron como les dio la gana

Faltó una reina por quien disputar una partida

¿Sí el miedo se guardó sus secretos, quién se quedó para opinar?

Desnudos nos multiplican las caricias

Nos volvemos locos para tener ilusiones

Poco a poco se transforma la luz, un divertido juego dónde empezar se convirtió en una rutina

Tan sensible como ser.

 

 

Ella

Parece que ella vive tan cerca de mí, que escucho su corazón latir, para despertarme justo antes del día lunes.

Escuchar su voz me entrega una dosis del cristal más puro, lo guardo porque es mío, soy adicto desde mil novecientos setenta y siete.

Ella es mi heroína, mi primer paso, mi sonido.

Ella a duras penas, se rodea de sí misma, poder esconder sus secretos, sentirse bendecida.

Por eso fue encontrada por los dioses que la escogieron para ser mi madre y a mí para ser su espejo.

Fue entonces cuando renuncié al miedo, al pasado, a ese alejarse poco a poco todo por el tiempo.

También porque dejé un poco de mi hoy para mañana.

¡Ella se acuerda de mí!

Lo sentí cuando brillé sus zapatos y caminó descalza en mi memoria.

Supe reconocer sus acertijos; fue la única que pudo disfrazar sus palabras con un tsunami de historias que aun siendo de ella, quiso que fueran mías.

No importa si estás lejos porque te veo y tú me miras.

Te siento y también ríes.

 

 

Bajo el hechizo

En el nombre de la música las oraciones dormían a orillas de otros mundos

No existe una ley cósmica que nos permita encontrar el brillo de sus melodías

Para descubrirnos evitamos los nombres, únicamente nos orbitan las canciones

Dejamos al cielo y al infierno, atrapados en su envidia

El final es una figura que rebota en el comienzo, cualquier caos tiene sentido bajo su mandato.

Los ángeles chocan entre sí cuando sus arpas conocen más secretos que el mismo cielo.

Solo la ira del silencio podrá aniquilar nuestra cordura

Dentro del pentagrama habita la sabiduría del más antiguo tiempo

Aquel que en su mandato hechizó el fuego en un mar de manos.

Transmutando un pacto, un secreto entre miles de secretos.

 

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