SOLO UN MUÑECO

Jesús David Buelvas

 

Noticiero

 He recibido mi dosis personal de violencia.

Casi cuarenta minutos frente al televisor

para que los presentadores – él vestido de frac

ella con un atuendo muy clásico –

me dispararan la ráfaga de atracos

de ataques con ácido

de accidentes automovilísticos

y de asesinatos pasionales

con que los reporteros han coronado el día.

Él, con gesto adusto ha anunciado

el desmonte de una estación espacial

cuyos fragmentos comienzan a caer

en cualquier lugar de la Tierra.

Ella, impasible, habla de la corrupción

de los efectos del desfalco en el erario.

El raponeo, las bandas de sicarios

las pandillas y la violencia policial

han sido incluidos entre las notas del día.

Frente a esto, yo, televidente de ocasión

apago el televisor antes del reporte internacional.

Evito ver lo anterior llevado a escalas mayores

tal vez al estado de guerra total

en que quizá el mundo se encuentre.

Me prohíbo pensar en las calles

en los orates y sin casas que las habitan.

Pienso en la franja de farándula

con que el noticiero culminará

este trágico inicio de mi jornada laboral.

Esta primera dosis me obliga a pensar

en las garantías del encierro

en optar por meterme debajo de la cama

en no abrir la puerta

para evitar que una bala perdida

pulse en mi cabeza el botón de apagado

que mandará al carajo todo esto.

 

 

Heraclitiada

Otra forma de conjurar el peso de nuestra existencia.

Levantarnos para seguir siendo nadie

frente a la ciudad.

Esa mole dolorosa que se extiende más allá

de nuestros cinco sentidos.

Dentro de poco la gente estará siguiendo

el trazo de lo planteado por el día.

Se sentarán en las esquinas

entrarán en las tiendas

en las farmacias

en las panaderías.

Se montarán en los buses

llegarán a los bancos

a los centros comerciales

a los edificios de oficinas.

En fin. Esta manía teleológica del hombre.

Este ir y venir sin un aparente punto fijo.

 

 

Ataraxia 

Cierras los ojos y abres los brazos.

Así te quedas.

Estático en medio de la carretera.

Los pitos de los vehículos

los insultos de los conductores

y los gritos de los transeúntes

no se hacen esperar.

Todos exponen la misma razón:

debes retomar el papel

que de acuerdo con esta rutina

a ti te corresponde.

Nadie parece entender

que frente a la inmutabilidad de tu trance

el vértigo de la ciudad es un motivo insuficiente.

 

 

Cuarto 05:00 A.M.

Deseas que nada te moleste.

Que a esta hora la vida continúe igual.

Horizontal como tú sobre la cama.

Sin embargo, ahí está el día

de nuevo con su retahíla

de carros y de gente.

Con su táctica de siempre

llevándote la contraria.

Sin más opciones te pones

las chancletas y vas al baño.

La pasta dental no sabe bien hoy.

Pero te lavas los dientes

mientras intentas no vomitar.

Tu cara en el espejo es la misma

sólo que un poco más maltratada.

Después de bañarte te vistes

mientras intentas seducir a tu mujer.

Ella se niega.

El día no cae en tu trampa.

Resignado abres la puerta y sales a la calle.

 

 

Solo… un muñeco

Sólo un muñeco sobre el techo de la casa vecina.

Lo veo desde la ventana del segundo piso.

Me pregunto en qué tarde de juegos habrá

                                                 / llegado hasta allí.

Parece contarme acerca de las manos

de los mimos y apretones que extraña

de los días en que reposó sobre una almohada

mientras penetraba los sueños de una cabeza infantil.

En ocasiones he querido rescatarlo

devolverle un poco de esa vida que dio

a quienes lo usaron para crecer.

Seres humanos muy parecidos a mí

cuando me alejo sin llevar a cabo mi anhelo.

Un adulto apto para ignorar los arranques

del niño que se asoma a la ventana

quien con su voz de matices que ya no distingo

me recalca que siempre dejamos las cosas que fuimos

(las cosas que tejieron la alegría de nuestra existencia)

para dedicarnos, irremediablemente,

                                            /a ser nosotros mismos.

 

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3 comentarios en «Solo un muñeco»

  1. Es una agradable descripción de la cotidianidad, en la que la opresión del sistema nos vuelves seres rutinarios y muchas veces causante del vació, de un fragmento de la felicidad. Ademas hoy he descubierto una palabra que resume el tesoro que vengo persiguiendo «Ataraxia».

    Gracias Autor!

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