CLEPSIDRA

Angela Penagos Londoño

 

Dadora de fuego

 Me entregué complacida

al vaivén de tu océano

sentí el grito del alcaraván

y el plácido vino

de la noche.

 

Ungida

en los pliegues santiguados

de mi orquídea.

 

Soy dadora

resplandecida

¡si!

cuando rebosas

y celebras delirante.

 

Ungüento de sol

colgado en la

ternura de las horas.

 

 

En el ámbar

Lince mío

me tomas por asalto

en el puente levadizo

de los cuerpos.

 

Desciendo abnegada

y natural

como hoja de laurel

en el patio

y te conjugo

en mi tiempo.

 

El ojo del ámbar

es un halo de relámpagos

en la dulzura

del sosiego.

 

 

Único heredero

 Hoy me dueles.

 

Te prometo no contar

La epopeya vivida.

 

Te hablaré solo del fervor,

de la guardada juventud

hasta que tu corazón

se quedó sin verbo.

 

Un testamento a voces

dispone todos los bienes

antes de la partida.

 

Te dejo la danza

de chaquiras

colgada en el bamboleo

de la noche

y así puedas alimentar tu pasado

hasta la muerte.

 

La gratitud -mercede del amor-

y la copa donde dejé mi labial

sellado con aroma

de flores cansadas.

 

Recibe la mano tibia

y los surcos

de la ternura

en este día

donde ya no somos.

 

Te dejo los lugares

de lo siempre vivido.

la tristeza nos atraviese el alma

y nos deje la piel

n carne viva.

 

¡Dicho queda!

 

 

CLEPSIDRA

Soy rumor de astro

sangre que va al mar

piel tejida de pálpitos

por los seres que han pasado.

 

Soy el pacífico despertar

del sinsonte

aliento del quark y del roble

memoria sensorial de los ríos

en su destino avivado.

 

Soy sendero elemental

en la pompa solitaria

de la lápida olvidada

piedra labrada

a la medida de los pasos.

 

Soy todas las ancianas…

barca encallada

de las mujeres atormentadas

lazarilla de sombras humanas

en el banquete de Hipatia.

 

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