CUANDO LLEGUEN LOS MARINES

Siboney del Rey

 

LA INDIA Y LA NEGRA QUE LLEVO DENTRO

La india y la negra que llevo dentro,
hacen de mi sangre fuego,
y de mi sentimiento,
un grito rebelde y justiciero.

Me llena con aromas de amaranto,
de azahar,
de cacao,
de café,
de canela,
de caña dulce,
de maíz…
¡Porque despierto a la vida cuando es delicia de verdad!

¡Soy hija de la tierra!
¡Soy hija de la noche!
¡Soy hija de la Luna y del Sol!
Guardo junto a ellos infinitos secretos,
al sentirme libre como el viento.

La india y la negra que llevo dentro,
hacen de mi canto,
una hermosa resistencia.
Hacen de mi poesía,
mil batallas que nunca terminan.
Hacen de mi cuerpo,
la más perfecta obra de arte.
Hace de mi alabanza,
una bendición de los dioses.

Cuando siento que retumban los tambores,
encienden mi espíritu libertario,
mi fuerza,
mi batalla,
mi sueño,
mi alegría,
mi encanto…
que me dieron mis ancestros.
¡Y es por eso que llevo a la india y la negra,
que tengo dentro!

Orgullosa es la piel
cuando se lleva con dignidad,
identidad y respeto.
¡Aunque muera blanca,
llevo a la india y la negra que tengo dentro!

 

 

BAOBAB

Veo una multitud de abrazos que se levantan

en dirección al cielo.

Veo un ejército de pájaros multicolores,

que cantan la alegría.

Es el árbol de la vida,

de los bellos sueños,

de la amistad,

de la solidaridad,

¡de la Madre África!

Creo que las multitudes de abrazos

las encontré en el Baobab,

para bendecirnos en nombres de la humanidad.

¡Bienvenido Baobab a nuestros corazones,

a refundar la paz y la esperanza!

 

 

EN UNA NOCHE ARDIENTE, CRISTO SE HIZO PECADOR

 (…) Se desmayan, reviven, resplandecen,

se contemplan, se inflaman, se enloquecen,

se derriten, se sueldan, se calcinan,

se desgarran, se muerden, resucitan,

se buscan, se refriegan, se rehúyen,

se evaden y se entregan.

(Oliverio Girondo)

En esta noche ardiente,

llevas a Cristo colgado sobre tu pecho.

¡Qué hermoso es!

Lo contemplo con mis ojos,

como si nunca lo hubiese visto.

 

Empezamos devorarnos poco a poco,

pedazo a pedazo,

al sentir esta pasión que enciende nuestros cuerpos,

sin medida.

¡Y llevas un Cristo colgado sobre tu pecho,

porque también él se hace pecador!

 

El amor se profana, al saber que estamos pecando.

Nuestro amor es prohibido,

y así nos amamos:

¡Porque eres de otra,

como lo soy de ti!

 

A los ojos de ese Cristo,

somos un pecado:

Tu beso es la chispa del diablo,

mi beso es puro y sagrado.

¡Divinos son mis besos, que al rozarlos con tus labios,

poco a poco se van profanando!

Tu cuerpo apasionado ata mis sentidos.

También suda ese Cristo,

¡Pecado para nuestro amor prohibido!

 

¡Soy una inocente flor

que abre sus pétalos ocultos para ti!

Cuando reposas tu cuerpo junto al mío,

con el Cristo que llevas colgado,

es una señal de la pena o del sufrir.

O tal vez, un enigma indescifrable.

 

¿De qué vale elevar al cielo

una hermosa oración,

si nos comemos vivos

haciéndonos el amor?

 

Llevas a Cristo colgado sobre tu pecho,

y voy nombrando a Dios sin restricción.

Jamás rezaste un padrenuestro,

porque no creíste en la oración.

¡Y haciéndonos el amor,

Cristo se hace pecador,

en una noche ardiente como esta!

 

¡La pasión arrebata a un amor tan tuyo y mío,

siendo prohibido!

¡Que nos perdone Cristo

por hacerse pecador!

Y lo sentí en mi pecho desnudo,

en mi sudor desprendido,

en mi aliento excitante,

en mi piel encendida,

en mis labios sedientos,

en mis manos inquietas,

en mis incontables orgasmos,

en mis deseos transgredidos…

Ya es demasiado tarde amado mío,

porque así,

marcamos nuestro propio destino.

 

¡Que nos perdone Cristo, por hacerse pecador!

 

 

HERMANA Y HERMANO HAITIANO:

¡TU DOLOR E INJUSTICIA, TAMBIÉN ES LA MÍA!

Sintonizo las noticias,

y al mirar las imágenes de Haití,

un dolor tan escalofriante

recorre por mis venas.

¡La miseria y la injusticia de ese pueblo,

también se hacen míos!

 

¿Qué hacemos por ti hermana y hermano haitiano?

Me queda solo pedirle al Dios del cielo,

que acabe con esa cruel pesadilla,

de la cual ustedes van viviendo.

 

¿Por qué Dios mío?

¿Por qué en Haití se viven tantas desgracias,

y hasta su pueblo muere de forma inclemente?

Mis oraciones son bendiciones abundantes,

que se riegan en semillas para tu pueblo:

inmensas en amor,

inmensas en esperanzas,

inmensas en ternuras.

 

¿Cómo no he de sentir a esas niñas y niños,

a quienes les arrebataron su sonrisa cruelmente?

A veces,

sueño que el sol les devuelve esa sonrisa,

a sus caritas relucientes.

¡Tan relucientes que van a la escuela

y una nueva lección aprenderán! 

 

Llevan en sus bolsitos

el cuaderno del valor,

y el lápiz de la bondad.

Leen en voz alta las lecciones de solidaridad,

Porque algo bello nacerá en su heroico país:

¡La soñada paz!

 

El amor lo aprenden sumando,

y nunca lo restarán.

Verás cómo se multiplicará la alegría,

porque nunca la dividirán.

¡Así serán los niños y las niñas,

de la futura Haití!

 

Hermana y hermano haitiano:

¡Qué orgullo llamarte así!

Somos sangre y fuego.

Somos lágrimas y sudor.

Somos la tierra labrada,

donde crecerán frutos de unión.

Tu lucha es mi lucha.

Tu dolor es mi dolor.

¡Tu injusticia también es la mía,

porque la siento en mi corazón!

 

Te regalo un poema que brote,

a gritos desde mi piel,

a gritos desde un rincón de Caracas.

¡Poema bendito!

¡Poema de luz!

¡Si llega hasta tu pueblo,

se sentirá bonito,

hasta tu cielo azul!

 

La dicha que lleva mi patria,

te la vamos a obsequiar.

¡No al hambre ni a la miseria!

Pues todo este inmenso amor,

es el pan que tu pueblo comerá.

 

Mis labios brotan versos de esperanza,

para ti hermana y hermano haitiano,

pues en esta ardua batalla,

el fracaso y el miedo, morirán.

 

¡Se van las sombras del olvido y de la muerte!

Para ti pueblo haitiano,

mi poema es un grito combatiente,

que se estremece en amor

y libertad por siempre.

 

Ese es el regalo que te doy,

hermana y hermano haitiano:

¡No quiero que tu patria sufra más horror!

 

Toma esta paloma con el ramo de olivo

y que vuele por los caminos de Dios,

obsequiando justicia,

paz y amor.

 

¡Es la paloma de la esperanza,

que a tu pueblo traiga bendición!

Resucitarán los héroes,

las heroínas y los mártires,

a combatir por la libertad.

 

Vendrán Petión y Bolívar,

con sus espadas sagradas y victoriosas,

a traerles bienestar. 

 

Hermana y hermano haitiano:

Sacaremos al enemigo invasor,

y a todo aquel que quiera hacerles daño.

Tu dolor e injusticia, también son míos.

Tu libertad y esperanza, también la es.

 

Hermana y hermano haitiano:

¡Tu clamor es mi verso,

hecho poesía!

¡Hasta la victoria siempre pueblo hermano!

 

 

Cuando lleguen los Marines

Cuando lleguen los Marines,

ellos no traerán flores a tu madre,

ni a la mía.

Ellos no traerán golosinas a nuestros niños y niñas.

Ellos no bailarán con tu gente y la mía.

Ellos no reirán de nuestras ocurrencias,

ni les importará nuestro sentido del humor.

Ellos no se sentarán a compartir el pan en tu mesa ni en la mía.

Ellos no jugarán un encuentro amistoso de futbol,

de beisbol,

de boxeo,

de basketball, 

o una partida de dominó,

en nuestras comunidades.

Ellos no educarán a las masas.

Ellos no se solidarizarán con la clase obrera.

Ellos no amarán a nuestras mujeres,

ni levantar con tesón a la juventud.

Ellos no se pondrán en el lugar del enfermo,

del discapacitado,

del adulto mayor,

del sexodiverso,

del indígena

o del negro.

 

Cuando lleguen los Marines,

traerán la muerte,

el dolor,

la desgracia,

la miseria,

el llanto

y el grito desgarrador.

Vendrán ataviados de aviones,

de barcos

y tanques de guerra.

Traerán monstruosos proyectiles,

que desaparecerán pueblos y ciudades,

como también escuelas,

liceos,

universidades,

centros de trabajo…

 

Esos Marines son diablos despreciables,

porque asecharán a nuestras madres,

hijas,

hermanas,

amigas,

camaradas…

¡Llenándolas de terror y de muerte!

 

Cuando lleguen los Marines,

tu patria y la mía,

la pulverizarán,

saqueando todos sus recursos,

dejándonos en la nada.

 

Nos arrancarán la risa

y la alegría de nuestro ser.

Nos desaparecerán la memoria histórica.

Nos arrebatarán la esperanza.

Nos quitarán la paz.

Nos destruirán el futuro.

 

Mujeres y hombres de mi patria:

El destino de la nación,

está en nuestras manos.

Por tus hijos y los míos,

trabajemos por la vida,

y no permitamos la presencia del imperio,

que vendrán como seres infernales.

 

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2 comentarios en «Cuando lleguen los Marines»

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